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Articulo. 2. Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opción política o de cualquiera otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Es noble, hermosa, fraterna, ecuménica y universal la Declaración de los Derechos Humanos. En ella no existe discriminación alguna.

No podía esperarse una redacción mejor. Venia el mundo de protagonizar las carnicerías de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, al parecer había temor y remordimiento en las conciencias de los principales protagonistas de esas catástrofes y asomaba un hálito de enmienda para que esas calamidades no volvieran a ocurrir.

Sin embargo, pronto los mismos proponentes transgredieron lo que habían propuesto y el jinete apocalíptico de la guerra volvió con una mayor dosis de odio, conquista, injerencia, despojo y depredación de los recursos humanos y físicos de los estados más débiles. Se impuso la Ley de la Selva y los mismos estados neo-imperiales suscriptores de la Declaración se encargaron de convertir la defensa de los derechos humanos en la falaz razón de sus cruzadas belicistas.

Si las guerras religiosa de los cruzados del principios de la edad media se ejecutaron “para mayor gloria de Dios”, la plaga de las guerras modernas pone como mampara la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que pasaron a ser los derechos de los agresores. La Declaración se ha convertido en un estropajo político con el que los amos del mundo expulsan, barren, masacran, limpian y usurpan. Al cuerno se fueron las sanas intenciones de respetar al ser humano propuestas en el Primero y Segundo Artículo de la Declaración, los derechos humanos dependen del cristal con que los miran los nuevos imperios.

Al perderse el sentido ecuménico que albergaba la declaración, la defensa de los derechos humanos, tanto al nivel de la ONU, de las naciones que la integran y de quienes dicen defenderlos en nuestro país, se ha convertido en una defensa de sesgo político, y no en pocas ocasiones para servir la causa de quienes de manera ancestral han violado todas las leyes humanas, especialmente las de los pueblos que se rebelan contra tanta hipocresía.

Para algunas ONGs la defensa de los derechos humanos depende de que humanos se trate. Si son los de mi tendencia politiquera bienvenidos, si no lo son mejor ni se acerquen a nosotros. Nuestra tarea es denigrar a los que no están en nuestro bando y la interpretación que hacemos de la defensa de los derechos humanos es la que nos dictan los intereses de nuestros patrocinadores.

Un pequeño ejemplo de esto lo encontramos en la defensa que hace cierto centro de la libertad de expresión y prensa. Se pretende hacer creer que es el gobierno el único que vulnera esta libertad. Pero jamás se ha dicho ni media palabra sobre los atentados a la libertad de conciencia, de pensamiento, trabajo, expresión, sindicalización y organización que ocurre contra los periodistas en los principales medios de comunicación. Para esta gente esos derechos fundamentales de los comunicadores son puro cuento, y corren a auxiliar a los dueños de medios ante la menor actitud de protesta de los periodistas y trabajadores.

Por cierto, también esas “instituciones” callan sobre la violación de otros derechos humanos que encierra la libre expresión. Me refiero al derecho que tiene los nicaragüenses de recibir una información VERAZ, palabra que encierra otros muchos valores que condenan el amarillismo, la calumnia, la injuria, las levantinas apocalípticas, el venadeo, el periodismo de escarnio, el derecho a réplica, el respeto a la privacidad, el periodismo como comercio, el pasquín trivial de pasarela, la propaganda y la publicidad manipuladora y enajenante, el comercio con drogas, la brujería, el fundamentalismo religioso y el empeño en deformar la personalidad e idiosincrasia del nicaragüense.

Tanto a nivel nacional como internacional ciertos “defensores” han caído en el maniqueísmo propio de los imperios gringos y europeos. “Conmigo o contra nosotros “, proclama mister Bush, destruyendo a coces la famosa Declaración Universal de los Derechos Humanos.

El criterio de ver los derechos humanos bajo un lente politiquero partidario, es una practica nociva que está disminuyendo el poco merito que le queda a la Declaración Universal, que a lo mejor por ahora solo sea el literari

 

* Catedrático de periodismo.