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“Si planificas para toda la vida, educa y entrena a los hombres.”

Kwan-Tzu

 

Allá por los años cincuenta del siglo pasado, Radio Mundial sacó al aire una adaptación radiofónica cubana de gran audiencia: La Tremenda Corte. Se escuchaba a un juez que después de amonestar sobre su delito al acusado José Candelario Tres Patines, éste le respondía: cosa más grande, chico ¡Eso fue un accidenticidio! Más tarde el Señor juez lo sentenciaba con tono draconiano consignándolo ¡A la reejaah!

De igual manera, cualquier falta cometida por este cómico pintoresco, desgarbado y pícaro nos causaba grandes carcajadas provenientes de adjetivos incoherentes y jocosos -pollicidio, asesinaticidio- de una realidad ficticia. Ahora ese nombre-adjetivo no está generando ni la más mínima dosis de risa en la población nicaragüense que a diario observa sin alterarse, la progresiva pandemia de accidentes vehiculares proliferando en las autopistas de Nicaragua.

Revisando recientes estadísticas de la Policía Nacional encontramos que Chinandega es un cementerio asfaltado: 156 peatones y 135 motociclistas. En esta Navidad se reportaron 6 muertos y 12 personas lesionadas -cifras menores comparadas con 2011- como consecuencia de 55 accidentes de tránsito en Boaco, Nueva Segovia y Matagalpa.

La carretera a Masaya no solo es un río intermitente de automóviles atascados en horas pico sino un bolerama de “meteoritos” conducidos por borrachos irresponsables y salvajes drogadictos que igual colisionan durante trasnochadas carreras ilegales contra postes de alumbrado público o arbustos de bulevar como frente a peatones y vehículos estacionados. El último accidente causó 4 muertos y varios lesionados.

Estudios del IEEPP revelaron que cinco mil personas se vieron involucradas en accidentes viales en 2011, perdiendo la vida más de 600 individuos con un promedio de 55 por mes. Esto nos indica que estamos ante un auténtico problema de salud pública. ¿Qué hacer? El ex comisionado Eduardo Cuadra instó a los diferentes sectores sociales involucrados a retomar la situación. Un oportuno llamado cívico.

No soy abogado y espero ser corregido, sin embargo, creo que desde el punto de vista legal existen lagunas jurídicas que deberían ser moralizadas con el fin de exhortar y castigar con severidad este tipo de delitos. Las leyes definen en principio al hablar de “accidente de tránsito” de un suceso no deseado y lo tipifican con la figura de homicidio culposo. Esto significa que el autor del delito no deseó provocar lesiones ni la muerte. Lo que implica responsabilidad causada por la victima, terceros o tratarse de un caso fortuito. Impericia, negligencia o imprudencia peatonal. Esto crea injusticias legales involuntarias o sesgadas por actos de corrupción comunes en nuestro medio.

Suspender la licencia de conducir por tiempo parcial o indefinido es una solución necesaria pero no resucita muertos ni sana lesiones dolorosas o secuelas permanentes. Por desgracia, desde que se inventó el primer vehículo fabricado por la revolución industrial del siglo XIX los accidentes automovilísticos empezaron a germinar como zacate -mala hierba- en todas las calles y ciudades del mundo, incrementándose su número y los avances tecnológicos que han permitido aumentar su eficacia y velocidad para transportarnos y… matar humanos. Según la OMS, los ilícitos vinculados a la circulación automotor abarcan el 50% de toda la criminalidad de las sociedades actuales.

¿Soluciones? No basta con entusiasmarnos al disminuir las estadísticas mortales. Se debe iniciar una intensa campaña educativa y psicológica a través de los medios y en la población con el objetivo de aumentar una cultura y conciencia respetuosa a largo plazo de la vida humana. Es nuestro prójimo. Además de exigir a nuestras autoridades policiales y jurídicas mano dura contra la insensible locura frenética de conductores irresponsables. ¡Que los manden a las rejas por “accidenticidio”!

 

* Médico cirujano.