Jorge Eduardo Arellano
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Hace un par de años vi una película titulada “The man of the year”, estelarizada por Robin Williams en el papel de un comediante, Tom Dobbs, quien cansado de la política partidaria en los Estados Unidos decide lanzarse como candidato independiente a la presidencia de ese país.

Por mucho que algunos lo descalifiquen, tildándolo de payaso, lo cierto es que el personaje protagonizado por Williams presenta una serie de argumentos y razonamientos que, a mi parecer, tienen gran validez y merecen ser analizados un poco más de cerca.

Una de las propuestas hechas por el candidato Dobbs es la de eliminar las elecciones de congresistas y senadores y dejar que los mismos sean designados por lotería.

Piénsenlo un par de minutos. Las 92 personas que deciden bajo qué leyes se regirá cada ciudadano y ciudadana son personas elegidas al azar de entre toda la población, cada habitante del país con igual posibilidad de tomar las riendas de la nación.

Lamentablemente Dobbs no entra en detalles sobre la propuesta, pero yo no pude evitar jugar con la idea. Poco a poco me fui formulando una propuesta un poco más concreta.

Digamos que la cantidad de diputados y diputadas se aumenta. Digamos que en vez de ser 92 se aumenta, digamos a 151. El sorteo se podría hacer en base al padrón electoral, todas las personas de nacionalidad nicaragüense residentes en el país participan en el sorteo. Un nuevo sorteo se haría entre esas 151 personas para designar al presidente y vicepresidente del país. El mismo modelo se puede utilizar a nivel municipal, eligiendo por sorteo una cantidad de concejales, y entre ellos y ellas al alcalde o alcaldesa.

Se podría excluir a todas aquellas personas que ya hayan ocupado un cargo público en cualquier administración pasada y nadie, bajo ninguna circunstancia, podría ser elegido más de una vez.

Habría que dejar de ver un mandato en el parlamento como una forma rápida de amasar una fortuna personal o de recibir regalías de distinta índole. No se trata de “ganar” el sorteo sino de recibir el mandato de servirle al resto de la población durante un período de tiempo. Se trata de una obligación, no de un privilegio. Por eso se podría decidir que durante su mandato, diputados y diputadas gocen del salario mínimo estipulado por la ley, recordemos que serán justamente esas personas las que estipulen cuál será el salario mínimo para todos y todas.

Con un modelo como ese, el papel de los partidos políticos en la sociedad se tornaría mucho más importante de lo que ha sido hasta ahora. Lejos de desaparecer su función sería de convencer a la población en su totalidad de que su política es la más acertada, de que es justamente su proyecto de país el que más le conviene a toda la población. Los partidos políticos pasarían de esta manera a hacer política de verdad y no a cazar votos, deberán convencer a cada ciudadano y ciudadana de que adopten su propuesta política como propia y no sólo de que depositen su voto en una u otra casilla cada cierto período de tiempo.

Esto sería democracia elevada a su máxima expresión. Recordemos que cuando los griegos dijeron “democracia” nunca quisieron decir poder de todos y todas, poder del pueblo. A lo que se referían en realidad era a: poder para los hombres libres dueños de propiedades. Es decir para algunos. Adoptar un modelo de sorteo con la participación de toda la población sería llevar el “este poder es del pueblo” a ser una realidad, más allá de la consigna.

Por supuesto que la adopción de semejante cambio implicaría una serie de retos y hay una enorme cantidad de detalles que deben ser estudiados con mucho cuidado, pero estoy seguro de que el resultado sería satisfactorio.

Por lo demás, ningún sistema es perfecto y está visto que el actual tiene gran cantidad de fallas y que en general su funcionamiento deja mucho que desear, así que porqué no intentar otro. Mucho peor de lo que nos va ahora no nos puede ir.

Imagínese usted, quien quiera que sea, mañana podría estar en el parlamento decidiendo las leyes que regirán en este país. ¿Es tan impensable?

*Periodista independiente.