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Un joven universitario que busca diversión, encuentra la muerte en una discoteca. La violencia acaba con todo. El ruido es violencia y también mata. Aunque no nos demos cuenta, poco a poco va erosionando la salud. Y de un solo disparo de decibeles puede afectar el corazón. Y es una droga. Puede generar indiferencia, crear caos, interfiere la comunicación; por lo que no es fácil detectar el peligro en un ambiente ruidoso y en algunos casos rebasando la capacidad.

Se han señalado muchos factores que inciden en la inseguridad de las discotecas y el riesgo que corren los clientes. Pero, independientemente de quienes sean culpables directos, las autoridades deben prevenir y controlar su funcionamiento.

Para comenzar, es necesario aprobar la ubicación, no se pueden abrir discotecas en cualquier lugar. Luego, la construcción o acondicionamiento del local: protección contra incendios, salidas de emergencia, capacidad, asilamiento acústico, para que el ruido no afecte al vecindario.

También se debe proteger a clientes y trabajadores. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “en esos locales se debe reglamentar la exposición ocupacional de los empleados y como mínimo, se deben aplicar las mismas normas a los clientes”.

Según leyes laborales de Nicaragua, si el nivel sonoro promedio es superior a 85 decibeles, por cada tres decibles se debe reducir la jornada laboral a la mitad, si no se usan protectores auditivos. Es decir que si el nivel sonoro es de 91, los trabajadores sólo deben laborar dos horas. ¿Se cumple? ¿Supervisa el Ministerio del Trabajo?

¿Y qué pasa con los clientes? ¿Cuántos decibeles aguantan cada noche? ¿Cuántas noches al mes, cuántas al año? Dice la OMS que “después de una exposición prolongada, los individuos susceptibles pueden desarrollar efectos permanentes, como hipertensión y cardiopatía asociadas con la exposición a altos niveles de sonido. Existe preocupación respecto al efecto de la música fuerte y sonidos de impulso en los jóvenes que asisten frecuentemente a conciertos, discotecas, salas de video, cines, parques de diversión y eventos al aire libre. En esos eventos, el nivel de sonido generalmente sobrepasa los 100 decibeles LAeq (decibeles promedio). Esa exposición podría generar deficiencia auditiva significativa después de asistencias frecuentes”. “Los clientes no deben estar expuestos a niveles de sonido por encima de 100 decibeles durante un período de cuatro horas más de cuatro veces al año”.

Además de guardas de seguridad, cámaras, detectores de metales, etc., debe asegurarse que el ruido no sea excesivo. Es necesario un reglamento que norme horarios y niveles promedios y máximos. Además, colocar una señal y un rótulo que advierta que el ruido afecta la salud. Por ejemplo, “Los altos niveles sonoros pueden producir lesiones permanentes en el oído”. Que sea visible y legible por su tamaño, diseño, iluminación y ubicación.

Para el control del ruido en estos lugares existen los limitadores acústicos. Son comunes en muchos países y regulados por ordenanzas. Tienen como función impedir que se sobrepasen los niveles sonoros permitidos por la normativa. Almacenan los sonidos y registran si son manipulados para alterarlos.

Las discotecas pueden financiarse estos aparatos. Así como buscan cómo hacer el lugar más atractivo, deberían utilizar tecnologías que aseguren un ambiente acústico saludable. También se puede hacer el control directo con sonómetros. Y todo establecimiento o actividad que cuente con amenización musical y publicidad sonora, debería ser regulado.

Recordemos que el ruido no sólo afecta la audición, también puede producir dolor de cabeza, náuseas, estrés, mareos. Afectar el sistema digestivo, circulatorio, respiratorio, la comunicación y el disfrute de muchos derechos.

 

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