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Escuchemos el discordante juicio que de los negros hace el argentino Damián Lan, calificado por Darío de “estimado escritor”: “Y no he visto, ya que de audacias hablo, nada más atrevido que el negro americano. ¡Ah los negros! Son el terror de los turistas y la sombra nefasta de sus compatriotas blancos. La negrada es un problema social en los Estados Unidos. Son aquí una familia de nueve millones de individuos perversos y despechados contra el blanco, que les ha tratado siempre con rigor, y por eso ha provocado en ellos un odio profundo que va sucediéndose de generación en generación como legado hereditario, y demuestra al blanco el más decidido desprecio. ¿Qué, mucho entonces que en la práctica la Ley Lynch subsista aquí todavía?”.

Una de cal y otra de arena, el señor Lan acusa y justifica. Oigamos al áspid francés Remy de Gourmont, según Darío “de sabia opinión”, escupir su veneno: “Hay pastores negros, hay curas negros, ¿qué hugonote francés, cuál de nuestros paisanos católicos, iría a confesarse, sin risa o sin asco, con ese ministro negro de su propia religión?”.

El tercer soporte de Darío es el brasileño doctor Roxo, que expone con “su sabia memoria”: “Después de haber estudiado en sus pormenores las perturbaciones mentales de los negros, es un hecho comprobado que la raza negra es inferior; en la evolución natural es retardataria, y mientras el cerebro de los negros no entre en un período de actividad creciente, será una utopía la nivelación de la razas”.

José Luis Pinillos, en su obra “La mente humana”, certifica: “En esencia el argumento empirista en pro de la igualdad de las razas humanas, puede resumirse así: en condiciones semejantes, los rendimientos intelectuales de todas las razas, son asimismo semejantes”.

Para purificar las mentes polucionadas de racismo dariano, citaré algunos ejemplos de talentos negros: Louis Armstrong, iniciador del jazz clásico, cantante, concertista y excelente trompetista; Josephine Baker, cantante, bailarina, actriz de cine y animadora de revistas; nacionalizada francesa, muere en París en 1975; Chloe Anthony Wolford Morrison, escritora, Premio Nobel 1993; Bárbara Hendricks, soprano nacionalizada sueca; ha actuado en los principales teatros de ópera, eminente concertista con un reparto que abarca desde el “lied” hasta la música contemporánea. Martin Luther King, Premio Nobel de la Paz 1964, murió asesinado; Kwasi Kwarteng, actualmente miembro del Parlamento inglés. Hoy podemos ver a negros de ambos sexos integrando la Corte Internacional de Justicia de La Haya, y un negro, por primera vez en la historia del Brasil, nombrado este año (2012), Presidente de la Corte de Justicia.

En carta de Martí a la “Opinión Pública” de Montevideo, del 26 de agosto de 1889, denunciaba: “Lo de Lynch es toda seriedad, porque muestra la llaga que llevan en su corazón los que se alimentaron con sangre esclava y hoy viven como sobre carbones ardientes, rechazando con furia el aire negro, el amor negro, la ambición del negro; no hay día sin linchamiento de negros en los Estados Unidos del Sur; ya está donde no puede ser más la agonía del negro vencido. El negro que embruteció, que azotó, que crió en ira, se reproduce con la fecundidad de los infelices, que buscan en su mujer el goce y compañía que el hombre venturoso halla en más de una fuente, y no solo en la alcoba. El blanco del Sur, cuando ve que el negro se le iguala en lo real de la vida, lincha al negro”

He aquí frente a frente a Darío y su “ilustre comitiva”, y a Martí con su corazón ánfora de inagotable amor a sus semejantes, avergonzando a quien tuvo la osadía de llamarlo maestro. Los soportes de que se vale Darío para execrar a una raza, sin pensar que disminuyendo a otros hombres se disminuía a sí mismo, son moralmente comparables a los testigos de que se valieron los jueces atenienses para condenar a Sócrates.

 

* Escritor autodidacta.

Tel. 2268-9093