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El XVIII Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh), produjo el traspaso del poder a una nueva generación de líderes, encabezada por Xi Jinping y Li Keqiang. Ambos dirigirán el destino del país, hasta que se produzca un nuevo traspaso de poder durante el XX Congreso del Partido, a celebrarse en 2022, cuando se cumplirán cien años desde la fundación del PCCh y setenta y tres de la proclamación de la República Popular China.

Se eligieron a cinco miembros del nuevo Comité Permanente del Politburó del Partido, máximo órgano de poder en China. Dada su edad y las informales reglas que rigen el traspaso de poder en el seno del PCCh, estos posiblemente serán relevados en el próximo Congreso, en 2017.

En occidente es difícil comprender lo que ocurrió, desde fuera da la impresión que se trataba nada más de aplicar la máxima de “cambiar todo, para que no cambie nada”.

La lucha de poder entre las dos principales facciones del PCCh, tendrá importantes implicaciones para la economía y la sociedad china, también para el resto de la economía mundial.

China pasó de ser una economía con un comercio externo de unos pocos millones de dólares, pese a su población y el tamaño del país, a convertirse mediáticamente en la llamada fábrica del mundo.

Paralelo a una profunda transformación interna del país, al finalizar el periodo maoísta, una sociedad con un alto igualitarismo en la distribución de la renta, se convirtió en una más dispar que Estados Unidos. Encuestas extraoficiales de ingresos de los hogares, indican que China ha alcanzado niveles de desigualdad social cercanos a los de Brasil o Sudáfrica.

Ambos procesos, externo e interno, tienen un mismo origen: las medidas tomadas por el Gobierno del PCCh, acompañando el proceso de apertura externa y mercantilización general de la economía, socavando las condiciones de vida rural, causa de una migración de más de 250 millones de personas hacia las urbes.

La intervención gubernamental en el mercado de granos, restringiendo las alzas de los precios agrícolas y la pérdida del acceso a servicios públicos básicos, la responsable del desmantelamiento de las comunas rurales, provocando la masiva migración del campo hacia las fábricas de la costa del país.

Debido a la presión a la baja sobre el crecimiento de los salarios industriales que la migración ha generado, las empresas chinas se tornaron un as competitivo en el mercado mundial, obteniendo jugosos beneficios.

Fabulosos estipendios, han financiado las elevadas tasas de acumulación de capital que explican el impresionante crecimiento de la economía (con incrementos de casi el 10% de media anual durante tres décadas), al tiempo que la burguesía china se enriquecía exponencialmente (pasando el 10% de las familias más ricas de China a acaparar más del 25% del ingreso nacional anual).

Este modelo actualmente se encuentra con al menos dos límites, aún potenciales: una posible crisis de sobreproducción derivada de la recesión en la que se hallan sus principales mercados externos y un probable estallido social provocado por el nivel de las desigualdades a lo interno del país.

Dista mucho de ser un conflicto campo-ciudad, como la mayoría de análisis sostienen, enfrentan a campesinos y trabajadores urbanos con la resurgida burguesía china; a los problemas de la falta de demanda para mantener la actividad productiva, se aúnan los evidentes límites ecológicos a los que está llegando esta última.

Durante las últimas décadas, la legitimidad social del poder del PCCh en buena medida, se ha basado, en el referido crecimiento económico. Ahora parece que ni sus altas tasas resultan sostenibles, ni, de serlo, serían suficientes para que el Partido Comunista se sostenga en el poder.

La generación de líderes conducida por Hu Jintao y Wen Jiabao (miembros de la nominada “Facción de la Liga”, vinculada a la Liga de Jóvenes Comunistas), a su labor de gobierno puso dos preceptos complementarios: el impulso a un “desarrollo científico” para el logro de una “sociedad armoniosa”.

China cuenta con la fortaleza necesaria, sobre todo al imprimir mayor eficiencia en la innovación tecnológica o la protección ambiental, ambos esenciales para alcanzar esa calidad llamada a mejorar los dígitos de crecimiento.

 

* Diplomático, jurista, y politólogo.