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Dice el escritor argentino Blas Matamoros (1942) que algunos intelectuales nicaragüenses están obstinados en dividir a los varones en correctos e incorrectos. “Los que son incorrectos es porque tienen algo de afeminados”. Dice que Rubén Darío era bisexual pero no porque fuese especialmente homosexual, y que la confusión viene de creer que quien no es “macho probado”, como dicen los mexicanos, es maricón. “Dos categorías tan ásperas y pobres que comparten algunos nicaragüenses que no conocen la sutileza que puede haber en la búsqueda de la identidad como ambigüedad, o inestabilidad en el caso de Darío”.

Esto lo dijo después de conocer que en este país centroamericano se ha vuelto a hablar de la supuesta homosexualidad del poeta, tras la publicación de un ensayo del experto en Modernismo, Alberto Acereda, en la revista Bulletin of spanish Studies. Matamoros no conoce el ensayo de Acereda, pero sabe lo que sucede en Nicaragua cuando se habla de la sexualidad del poeta.

Hace varios años el argentino estuvo en el ojo del huracán cuando publicó un libro sobre la sexualidad de Darío. En Managua su libro se interpretó como si hubiese afirmado que el escritor nicaragüense era homosexual. “Yo nunca dije que Darío fuera homosexual, entre otras cosas porque no tengo documentos sobre la conducta sexual y tampoco me interesa, lo que sé es que era un hombre a quien le gustaban mucho las mujeres y que tenía mucha prospección hacia el género femenino, que veía en las prostitutas. Los que hablan y salen siempre a defender la heterosexualidad del poeta es porque tienen dudas; si no fuera así dirían: este señor se equivoca y ya, sin escándalos.

La indignación sobre este tema proviene, según Blas, de creer que la sexualidad es una sola, “y que si estás insinuando que Darío podría tener un imaginario donde apareciera su atracción por otros hombres, estás señalándolo como incorrecto; yo no digo que la sexualidad sea incorrecta, esa es una tontería de cuatro narices, y la sospecha la tienen ellos”.

En ese contexto, cree que hay que observar dos cosas de la personalidad del bardo de las que poco se habla. Era una persona muy seductora y tenía necesidad de ser admitido como tal, lo que incluía también la seducción de hombres que fuesen sensibles a ser seducidos por otros hombres.

Pero eso –dice- solo se entiende desde la homoerótica o la atracción afectiva y admiración erótica, visual, de una persona por otra. Y aparece porque la estética del Modernismo es una estética de la excepción, de la irregularidad, de la minoría; una estética de reacción contra el Realismo y que Rubén llamaba de Los

Raros.

“La homosexualidad aparece en Darío como un interés estético preponderante y lo refleja cuando habla de los tritones o los efebos, las tribadas y los personajes andróginos. Esos personajes le atraían mucho por ser representantes de la escasez exquisita y de la aristocrática del ser humano, que están vinculadas a la nobleza estética del hombre”, afirma Blas.

“En la poesía de Darío aparece el tema de la atracción de un hombre por otro, sobretodo en poemas donde hay personajes homoeróticos”. Y pone como ejemplo El reino interior, donde Darío considera su alma como la de una bella durmiente, donde le da un carácter femenino y donde se pregunta si está buscando el abrazo casto de una virgen o el estrechamiento sexual de los efebos. “Si eso es una proyección de su propia sexualidad erótica, yo diría que sería un lugar común, que podría ser inherente de cualquier ser humano, porque todo somos bisexuales”.

 

* Periodista.