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Alguien en un artículo de opinión en forma lapidaria afirmó: “no todo el que escribe es escritor”. Tal aseveración carece de lógica y de sentido común, ya que se entiende por escritor todo aquel que escribe, en consecuencia, quien escribe es por antonomasia escritor. No obstante atendiendo la semántica, es probable que el autor haya querido decir que hay escritores de escritores, hay extraordinarios, regulares y mediocres. Pero quién es aquél que está calificado para determinar la calidad de un escritor y, bajo qué parámetros puede valorar si el que escribe es o no un escritor.

El oficio de la pluma es un arte, y el artista para perfeccionar la vocación, debe dedicar la mayor parte de su vida al conocimiento de las letras, el idioma, la gramática, ello implica tener condiciones económicas, desde la niñez y juventud; poder ir a la escuela, asistir a buenos colegios, tener tutores, acceso a libros; significa que los padres del imberbe tengan una regular o buena condición económica para sufragar gastos educacionales, o poder enviarlo a estudiar a universidades extranjeras de gran prestigio.

Pero independientemente de los recursos económicos -que indudablemente son importantes- lo esencial es la vocación de la persona, su natural inclinación, su apetito por la lectura, por devorar libros y más libros; fortalece la disciplina, dedica horas y horas analizando temas de historia, economía, política, información que procesa y almacena en la mente, para luego forjar su propio estilo, ya sea como historiador, analista político, narrador, prosista o poeta; el talento de escritor se manifiesta en la persona desde la pubertad, se desarrolla entre los treinta y cuarenta años y logra el perfeccionamiento entre los 50 y 70 años.

En el pasado fueron muy pocos los que tuvieron el privilegio de forjarse en el arte de la escritura, los pocos venían de familias pudientes, de la nobleza o la aristocracia, otros de bajo nivel social, en condiciones de pobreza, a punto de esfuerzo personal, dedicación, se forjaron como escritores en el yunque de la experiencia, aun con serias limitaciones materiales, llegaron a constituirse en famosos escritores, dejando obras invaluables para las futuras generaciones.

A muchos escritores de ingente talento, a través de sus escritos y libros, se les conoce su pensamiento, sus concepciones, ideologías políticas y sociales, algunos por las ideas de su tiempo fueron influenciados por teorías como el esclavismo, el racismo, el capitalismo y el socialismo; y es que el escritor no puede escapar al influjo de las ideas, ya que no es la conciencia lo que hace al ser, sino que el ser social, es lo que hace la conciencia, de tal suerte que el filósofo alemán Friedrich Nietzsche es criticado por racista, estableció lo de la raza superior; Rubén Darío es señalado de escritor cortesano, por estar al servicio de la clase dominante de su tiempo.

En nuestro tiempo hay escritores de indiscutible valía, como el peruano Mario Vargas Llosa, éste en sus escritos sin tapujo alguno se declara ferviente abanderado del capitalismo y de la economía de mercado, mientras que el colombiano Gabriel García Márquez se inclina a la corriente de izquierda, igual se dice del uruguayo Eduardo Galeano.

Todo esto es importante, ya que los escritores de izquierda o de derecha proclaman y defienden valientemente sus posiciones, lo que es inadmisible es que el escritor mediocre -que es la mayoría- mediante escritos triviales e insulsos oculta su pensamiento ideológico, para no quedar en evidencia de que su trabajo como escritor está al servicio de cierta casta social y en contra de las grandes mayorías

Un auténtico escritor no anda con dobleces ni ambigüedades con respecto a los problemas de de la sociedad y el mundo, por ende debe de ser un militante activo en la formulación de proposiciones y solución a los conflictos que aquejan al hombre, en lo político, económico y social, dando lo mejor de su pensamiento, en el análisis y la reflexión de los entuertos que afectan a la humanidad, pues ya pasaron aquellos tiempos en que los pensadores se dedicaban a contemplar y explicar los fenómenos, pero no hacían nada por transformar las cosas.

 

Granada, 09 de enero 2013.

* Abogado y notario público