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A las news generations.

 

Sí., Darío debería tomarse como ese artefacto que gira para dar sorpresas; los fragmentos se agrupan en los espejos reflejantes y no sabemos qué resultará, pero la tendencia de ver en modo bipolar, blanco o negro, impide que se produzca la imagen mágica full color. En ese sentido, el Darío del Profesor Edelberto Torres es plural, como “la celeste historia” de su corazón, un ser humano real, no el deseado y modelado por el idealismo a ultranza, símil tal se ha dicho, de su estatua en camisón rodeada de cisnes y ángeles trompeteros frente al Parque Central, ni el denostado por la moral implacable.

Leemos del hombre su piruquencia y los efectos de los nepentes del alcohol que lo llevaron a caer bolo en una acera de Mallorca, las grandes papalinas que se puso con su muy querido brother también temido, el guatemalteco terriblemente bello Enrique Gómez Carrillo, al punto de encontrarlos en bola gruñendo como chanchos en un cuarto de París; leemos el acoso constante de su ex mujer, la nefasta Rosario Murillo; el amor y sacrificios de la Paca Sánchez; los desplantes de Zelaya al par de la mezquindad de los gobiernos nicas; la admiración de las multitudes sobre todo de los jóvenes que lo saludaban con pancartas en los muelles portuarios del continente; el cachimbo de homenajes organizados por los más connotados en las asociaciones culturales de artistas e intelectuales, equiparables en el tumulto con los fans de Madonna y Lady Gaga, guardando las debidas distancias.

En fin si el hombre quiso ser príncipe, no solo de las letras castellanas, sino viviendo como tal, lo obtuvo debiendo pagar el alto costo cobrado por la vida con un literal y fatal gancho al hígado que lo noqueó for ever con la cirrosis hepática que le dejó el órgano blanco y poroso como el dulce pan de rosa hasta llevarlo a descansar a perpetuidad bajo el marmóreo león echado en la tumba de la catedral leonesa.

Si el triunfo, los honores y la gloria de este mundo fueron su debilidad, así como sus gustos sibaritas, epicúreos de gourmet, de bon vivant frecuentador de salones, mujeres bellas, cocottes carísimas, machismo en vivo y a todo color entre joyas, sedas, carruajes y copas de champagne de la Veuve Cliquot Ponsardin, de moda en esa época; tampoco le cayeron del cielo el fasto y los placeres del pinche lujo. El hombre pasó las de Caín escribiendo sin parar entre las gomas o resacas; los desvelos y la vigilia obligada por las crónicas, reseñas y reportajes de La Nación, su diario argentino madre adoptiva de por vida, que le permitió ganarse el pan nuestro de cada día con el sudor de sus manos y neuronas.

El señalado gran pelo en su sopa vital fue alguna vez el servilismo con el poder, ¿y qué?, ¿acaso lo iban a becar y dar pegue las humildes fritangueras o lustradores de Subtiava? Coño, a fin de cuentas la plata que manipulan los poderosos sale del bolsillo vía impuestos y plusvalías que generamos todos los pendex en la llanura. Es cierto que su dignidad penosamente no fue el crisol relumbrante hasta el sacrificio mortal de su querido maestro José Martí, pero éste en su inmensa generosidad lo llamó hijo y dispensó sus debilidades, de modo que nunca se le ocurrió menoscabarlo y dejar de considerarlo su par.

Con eso basta para pensar que si bien dio la primera comunión con los zapatos enlodados, pues no fue P.C, políticamente correcto, ni paradigma para nadie en su conducta personal con muchos rasgos de nuestra irrenunciable pero sí transformable nicara-iguanidad. A lo hecho pecho, pues todavía hay Darío para rato. Su sinceridad clara la manifiesta en una de las bienvenidas en su calurosa León. Cuando se alarmó de ver a tantos jóvenes interesados por las letras recomendó su dedicación mayoritaria a las actividades productivas agropecuarias para dar al país la urgida prosperidad. Es obvio que no solo quería ver pastizales reverdecidos llenos de vacas contentas, sino una racional proporcionalidad.

En suma, de vez en cuando es bueno encontrar posiciones de dariólatras y antidariólatras, porque sus polémicas pueden concluir en las del tipo sobre el sexo de los ángeles, pero esperamos de los dariístas, que en nuestro medio hay excelentes, sigan moviendo el caleidoscopio dariano para asombrarnos más.

 

Managua, 8 de Enero de 2013.

* Arquitecto, artista y escritor