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Nuestra política exterior en las últimas dos décadas se ha desarrollado en el marco de diversas etapas de desarrollo del sistema internacional. Toda esta dinámica transversalmente ha sido altamente influenciada por el proceso de globalización, que ha generado una creciente interdependencia entre los estados y las naciones, generando así parte de las tendencias de transformación de las relaciones internacionales.

La primera tendencia es tratar de mantener el sistema unipolar actual, en base a los regímenes y organizaciones internacionales que se crearon en la segunda mitad del siglo pasado, que inciden enormemente en la política exterior de gran parte de los estados modernos: las empresas globales y multinacionales, la sociedad civil “global”…

También en el ámbito de las relaciones de competitividad por espacios de poder entre hegemonías, a través de las actuales relaciones ruso-estadounidenses o Sino- Norteamericanas; entre estas dinámicas las guerras dirigidas hacia Libia y Siria, por poner dos ejemplos.

La segunda tendencia es la creación de condiciones para la formación de un mundo multipolar, y esto es especialmente notable en los últimos años, con países como Rusia, China, India, Brasil. Aun cuando la UE sigue guiándose por un modelo unipolar, se distingue un marcado debilitamiento de la posición de liderazgo de los Estados Unidos.

Para lograr esta transformación se debe continuar con establecer mayores mecanismos y reglamentos de carácter jurídico, en aquellos temas relevantes como el comercio, la seguridad energética, el problema de la inversión mutua, las restricciones de circulación de los ciudadanos; así como los existentes entre la Federación Rusa y la Unión Europea, que ya están teniendo un impacto significativo en la política mundial y tienen un lugar importante en su política exterior.

La tercera tendencia se asocia con cambios en la configuración del proceso de desarrollo mundial: el desplazamiento desde el Atlántico Norte al Pacífico, donde se abarca a más del 40% de la población mundial, y su participación en el PIB internacional es del 50%. De acuerdo con las proyecciones de los cinco países más pujantes económicamente en la región (China, Japón, India, Corea del Sur e Indonesia) en 2015 producirán el 45% del PIB mundial.

Por ejemplo, el cambio que dio la comunidad australiana logró la reorientación del comercio entre Europa y la región Asia-Pacífico. En el este de Asia se vuelcan ahora más del 50% de las exportaciones australianas. El principal socio comercial de Australia es Japón. En el segundo lugar en el comercio exterior de Australia se encuentra China (mucho tiempo el lugar lo mantuvieron los EU, que ahora se han trasladado a la tercera posición).

La cuarta tendencia es la degradación planetaria y sus consecuencias globales, sobre todo en temas sobre las perspectivas de la energía mundial asociados al desarrollo y los asuntos de poder, que los estadistas deben tener en cuenta en su política exterior, no sólo a lo inmediato sino también a largo plazo.

En la actualidad, los expertos afirman que en la primera mitad del siglo XXI, es decir en los próximos quince años, el consumo mundial de energía podría aumentar en un tercio. Con eso, la demanda mundial de gas superará la demanda de petróleo. Por lo tanto, según los analistas, en 2020 el consumo de gas natural en la economía mundial podría crecer un 60% y el aceite en un 42%.

Un grupo de expertos consideran que la confrontación fundamental de importancia geoestratégica será entre China y Estados Unidos, en el 2030, producto de que China tendrá igual volumen de importaciones de petróleo que los EU. En este caso, el gobierno chino es consciente de que sin asegurar fuentes de energía confiables el crecimiento económico será imposible. Es por eso que la seguridad energética y la búsqueda de nuevos mercados para China están convirtiéndose en una cuestión de “supervivencia”, como uno de los líderes de la economía mundial. Aquí juega un enorme papel Irán como un suplidor de petróleo a China.

Se puede concluir que la relación entre la esfera de la política exterior y el sistema de relaciones internacionales crecerá. Y no es como aseguran algunos, que proponen que los Estados pequeños deben renunciar a tener una política exterior de carácter independiente.

 

* Msc. Presidente Ejecutivo del Centro Regional de Estudios Internacionales (CREI)