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Es arriesgado comentar sobre asuntos coyunturales que tienen peso importante para muchas personas. Habitantes de países de varios continentes, sobre todo donde existe un orden económico y social injusto, donde pocos tienen mucho y la mayoría no tienen nada, se encuentran expectantes sobre la salud del presidente Hugo Chávez de Venezuela. Quizás porque de eso depende su sobrevivencia como especie humana.

Leyendo al gran pensador y filósofo Leonardo Boff, Teólogo Brasileño, pienso cuán importante es su último escrito donde nos enseña a intentar Renacer como las águilas, dejando todo lo viejo, lo negativo, para resurgir con lo nuevo, lo positivo. Igual que las águilas.

A diario se publica a grandes titulares acerca de la inminente muerte del presidente Chávez, para un fin único: vender. Vender cualquier cosa. Es de suma urgencia retomar algunos conceptos de la salud moderna para intentar girar el enfoque de este acontecimiento. Los aspectos bio-éticos que deben considerarse ante la vida de un ser humano trascienden el juramento hipocrático o de Mainómedes.

Se trata del dolor de millones de ciudadanos que han vuelto a sentir que existen, que cuentan, que tienen derecho a salud, educación, a un espacio social, a tener dignificación.

La evidencia sobre la evolución clínica de la salud del presidente Chávez podría compararse con el llamado continuum cardiovascular. Quien inicia un proceso de hipertensión arterial va a avanzar hasta insuficiencia cardiaca y un desenlace que va a estar en dependencia del cuidado que le preste durante sus etapas iniciales. No es mago quien lo pronostica. Es evidencia científica.

Si analizamos que tiene un proceso canceroso metastásico y un cuadro de insuficiencia renal y medular, sabremos que amerita trasplantes más terapias anti rechazo de los mismos, que muy difícilmente estaría en capacidad de superar.

¿Es justo, es humano, es ético prolongar esa agonía? Igual sucede en otros tipos de procesos, como la enfermedad de Alzheimer, donde sabemos que falta mucho para encontrar la causa y su cura (aunque es más anti-ético saber que eso puede ser posible más temprano que tarde, y solo depende de los comerciantes de la salud que esperan producir millones en ganancias antes de dar la solución).

Dicen los religiosos que para cambiar el mundo debe cambiar primero el individuo. ¿Cuánto faltaría entonces para alcanzar esa utopía? En pleno siglo XXI es increíble ver a diario tanta conducta necrofílica (danzan y se alegran con la muerte), promovida y diseminada por quienes tienen el poder; difícilmente se verá algo distinto en varias generaciones.

Chávez ya tiene su lugar entre los grandes, entre los imprescindibles, entre los seguidores de aquel que enseñó a dar pan al hambriento y agua al sediento. Nadie tenga duda de eso.

 

* Médico.

eddyzepeda07@yahoo.com.mx