•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Revisando la historia de nuestra América desde el Cabo Columbia (Canadá) hasta las islas Diego Ramírez (Chile) llegamos a la conclusión que históricamente hemos sido estafados tanto económicamente como culturalmente. Las invasiones de Europa borraron casi por completo de la faz de América la rica cultura ancestral de sus primeros pobladores.

En el norte la de los Anishinabe, Dakota, Lakota, Shoshone, Cree, Illinois, Cheyenne etc. En México los Aztecas, Mayas, en Centroamérica: Misquitos, Matagalpas, Chorotegas, Quichés, Cakchiqueles y al Sur: Mapuches, Diaguitas, Charruas, Guaraníes, Cañaris, Arawaks, Chibchas, Aymaras, Quechuas, Incas. Mucho por descubrir y rescatar.

Es un compromiso sagrado con los primeros pobladores del continente. Dijo Sandino: “me siento orgulloso de que en mis venas circule, más que cualquiera, la sangre india americana que por atavismo encierra el misterio de ser patriota, leal y sincero”.

Rescatar esa historia es tarea apoteósica, porque buena parte de ella terminó en las llamas, el filo de las espadas y el fuego de los cañones. Pero más dañinos para esa historia han sido los intelectualoides de las oligarquías locales al servicio del capital extranjero. Aquellas ajenas al dolor y las lágrimas de nuestra América, que nos vendieron, ocultaron y tergiversaron, quienes se sienten más cerca de los Rockefeller, Rothschild y las coronas europeas. Se llevaron buena parte de nuestras riquezas y desinformaron sistemáticamente a nuestros pueblos.

De gota en gota vamos descubriendo aquello que maliciosamente se nos ocultó. En un tramo de la historia encontramos a Manuelita Sáenz Aizpuru, nacida en Ecuador en 1797, cuando todavía América Latina era la gran colonia de España. Esa mujer acaudalada y de finos modales, conspiró desde un inicio, hasta en la cama, contra la corona española.

Se rebeló en cuerpo y alma contra el yugo español. Primero en el plano intelectual, después en lo logístico y al final empuñando las armas. Abandonó a su esposo, el acaudalado médico inglés James Thorne, para unirse a los libertadores. Fue compañera sentimental y de lucha de Simón Bolívar. Nutrió la lucha independentista con sus ideas y sus “perfúmenes” de mujer. Le salvó más de una vez la vida a Bolívar. Le fue fiel en la lucha, hasta el final.

Fue criticada, denigrada, ignorada y desterrada. Hicieron lo posible por enterrarla viva. Tuvieron que transcurrir más de 150 años para sacarla del baúl del olvido y reconocerle sus méritos. Coronela del ejército libertador, primera mujer con ese grado en la historia de América Latina, no pudo más que causar la envidia y el odio de sus adversarios. Galardonada por San Martín con el título de “Caballeresa de la Orden El Sol del Perú”, luego de la toma de Lima.

Algunos historiadores quisieron reducirla a una pasajera leyenda sexual. Esa heroína de la independencia de América brilló por su propio talento y valentía. Activista política nata, antes de conocer a Bolívar y aun después de su muerte. En 1835 el presidente de Ecuador, Vicente Rocafuerte, decide que “por el carácter, talentos, vicios, ambición y prostitución de Manuela Sáenz, debe hacérsele salir del territorio ecuatoriano, para evitar que reanime la llama revolucionaria”.

Murió pobre, aislada, una epidemia de difteria le arrancó la vida y fue enterrada en una fosa común, en Paita, Perú. En su humilde vivienda fue visitada por Giuseppe Garibaldi, Ricardo Palma, Simón Rodríguez, Herman Melville (autor de Moby-Dick).

Una de las mujeres más importantes e influyentes durante la independencia de América y una de las pioneras a nivel mundial de la emancipación de la mujer, hoy resurge con mérito y luz propia. “Es Manuelita que cruzó las calles cansadas de Lima, la noche de Bogotá, la oscuridad de Guayaquil, el traje negro de Caracas. Y desde entonces es de día” (Pablo Neruda).

 

* Médico.

carmona837@hotmail.com