Alberto Alemán
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Esta semana ha traído tres noticias importantes sobre la economía de China que valen la pena notar para seguir los acontecimientos en el gigante asiático. Dos de ellas son frescas y una no tanto, pero interesa en Centroamérica.

En primer lugar, por primera vez en tres años, la República Popular China, RPC, experimentó un descenso de la inversión extranjera directa. En segundo lugar, el número de internautas ascendió a más de 564 millones de personas, con un incremento interanual de 51 millones. Y, por último, según confirma una vieja tendencia el diario The Wall Street Journal, el país locomotora del crecimiento mundial de la última década está perdiendo su ventaja competitiva de mano de obra barata –y aquí puede haber beneficios para países como Nicaragua.

CAÍDA DE LA IED. La inversión extranjera directa (IED) en China disminuyó en 2012 en un 3.7%, en parte por el efecto de la incertidumbre económica en Europa y Estados Unidos que frenó el entusiasmo de los inversores por negocios en los mercados emergentes.

El año pasado, la RPC atrajo US$111,700 millones en IED, menos que el récord alcanzado de US$116,000 millones en 2011. No obstante, el dragón rojo conserva un lugar como uno de los principales destinos de inversión del mundo. Para algunos analistas económicos, el impulso creado por la entrada china a la OMC ha alcanzado un límite natural y se necesitan nuevos estímulos.

Un análisis hecho por The Wall Street Journal y publicado en su sitio web (“China pierde su ventaja como la fábrica barata del mundo”), sostiene que la baja de la IED es también el resultado “de una tendencia a largo plazo de salarios y otros costos que volvieron a China menos atractiva, en especial para las manufacturas básicas. La inversión extranjera directa aumentó alrededor de 63% en Tailandia en 2012, y 27% en Indonesia en los primeros nueve meses del año pasado”.

El WSJ agrega un dato muy importante que ayuda a comprender la disminución de la IED. Una buena parte del fenómeno se explica por menos inversiones de empresas de 10 economías regionales, en parte de países o sitios donde la rica diáspora china se ha asentado —Hong Kong, Taiwán, Macao, Japón, Filipinas, Tailandia, Malasia, Singapur, Indonesia y Corea del Sur—. Esas inversiones disminuyeron en un 4.8%, de acuerdo al análisis de WSJ, y fueron el equivalente del 82% del total.

MÁS CHINOS EN INTERNET. En solo un año, el número de internautas en China creció en 51 millones de personas, para llegar a un total de 564 millones.

De acuerdo con datos del oficial Centro de Información sobre Internet en China (CNNIC), el 75%, o tres cuartos de esa cifra total, accede a internet a través de un teléfono móvil. 420 millones de teléfonos están conectados a la red de redes.

Hoy, la tasa de penetración de internet es de 42.1%, contra el 38.3% del año 2011 en ese país que con más de 1,300 millones de habitantes es el más poblado del mundo.

Sin embargo, la RPC mantiene el más formidable sistema de censura y bloqueo cibernéticos del mundo, capaz de hacer desaparecer o bloquear páginas, blogs o informaciones en cuestión de minutos, sostenido por un invisible ejército de miles de censores. No se permiten Facebook ni Twitter, pero hay unos equivalentes locales.

Por otro lado, más de tres cuartas partes de los sitios visitados por los cientos de millones de internautas chinos están en lenguas chinas (censurados, desde luego).

FIN DEL PARAÍSO DE MANO DE OBRA BARATA. Los salarios y los costos laborales han subido en las ciudades chinas, en especial en las regiones costeras.

Los habitantes urbanos están más conscientes de sus derechos, protestan más, desean menos contaminación, y las huelgas son más comunes que hace unos años. China desea, además, promover la producción de bienes de mayor valor agregado.

Esto afecta a las manufacturas básicas, como los textiles o el ensamblaje de electrodomésticos. Los fabricantes están viendo hacia países como Cambodia, Vietnam, Laos y Tailandia, con mano de obra más barata.

“Para los vecinos de China, la tendencia supone una oportunidad. Los países del Sudeste Asiático, que representaban el 2% de la inversión extranjera tras la crisis asiática de 1997, ahora representan alrededor del 7.6%, cerca del 8.1% de China, según cálculos de HSBC “, informa el WSJ.

No hay duda de que con un buen esfuerzo conjunto gobierno-sector privado, nuestros países también podrían atraer la atención de esas industrias.

 

El autor es analista de asuntos Asia-Pacífico.