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Ya no es un hombre. Sólo hasta que la muerte lo toque, volverá a serlo. Porque a fuerza de misas católicas, cultos evangélicos, rituales chamánicos y hasta ceremonias de vudú, el presidente Hugo Chávez Frías se ha ido convirtiendo en un salvador, o un enviado de Dios. Los medios de comunicación que sirven tanto al gobierno como a la posición tienen gran parte de culpa en esto.

De un modo obsesivo, los medios pro y anti chavistas han saturado sus portadas desde finales de diciembre con todas las conjeturas posibles sobre lo que pasaría en la toma de posesión. Los más pesimistas decían que había muerto, y lo estaban ocultando. Los más optimistas e ilusos (entre los que me cuento) pensaron que Chávez volvería a Caracas en tiempo y forma, al amanecer del día décimo, como un resucitado paseándose por encima de las multitudes que le aclamarían como su salvador. No en vano, el rostro de Chávez junto a la imagen del Sagrado Corazón de Jesús se agitó el otro día en la manifestación de Caracas, una vez que la Corte Suprema dictaminó lo que parecía más lógico: que la fecha del 10 de enero no era una camisa de fuerza.

La cobertura de los medios de comunicación, maniatados por intereses políticos y económicos (pro y anti chavistas), ha favorecido la desinformación y el morbo sobre el espectáculo de la enfermedad de un ser humano que, poco a poco, va dejando de serlo. Mientras tanto, se sigue echando en falta un análisis en profundidad sobre los programas sociales del gobierno venezolano y sobre los beneficios que de ellos recibe la población más desfavorecida. Y si así fuera, si los beneficios sociales justifican el caudillismo de un proceso pseudo-revolucionario construido con la materia prima (el petróleo) del capitalismo más salvaje.

Asimismo, se sigue echando en falta saber, con la ayuda de la transparencia y las cifras verdaderas, cómo, quién y dónde se gasta el dinero derivado de la factura petrolera en los países del ALBA. El tejido empresarial que se ha montado alrededor ha adquirido dimensiones gigantescas. Y si parte de ese dinero se utiliza, por ejemplo, para la compra de medios de comunicación, u otras empresas dirigidas por las familias de los que mandan, al menos debería comunicarse. Que el pueblo permita la impunidad es una decisión del mismo pueblo. Su nivel de hartazgo es largo y viejo. La resistencia del ser humano es sorprendente.

Es la ceremonia de la confusión, con el apoyo de un pueblo que acepta en gran parte su rol de beneficiario, a veces, o de corifeo, otras. Porque han sido muchos años sin que la situación haya cambiado para la gran mayoría. Al menos, con Chávez y el ALBA hay ciertas sonrisas. Y mientras, los medios pro-gubernamentales se encargan de generar este desconocimiento, mediante la idealización, primero, y la divinización después, de sus líderes o caudillos.

En Nicaragua, por ejemplo, se habla del pueblo presidente, pero la verdad es que en toda la propaganda del gobierno sólo se ve un rostro, o dos: el presidente y su esposa. El pueblo sólo desfila con camisetas multicolores, como en Venezuela, con camiseta colorada. La única voz que se escucha, durante el tiempo que sea necesario, a quien los micrófonos y medios deben ceder el espacio es a la voz única del comandante y su esposa. El pueblo sólo habla para agradecer a Dios, en primer lugar, y en segundo lugar al comandante, el título de propiedad recibido, o la canchita para que jueguen los chavalos, o cualquier otro beneficio, sea techo de zinc, bono o piñata.

El pueblo en las interminables filas de La Purísima calla, aplaude, y sigue aguantando. Y si los micrófonos y las cámaras de los canales del gobierno se les acercan es para que repitan el mantra de la gratitud a Dios y al comandante. Nunca se ha mostrado a nadie cuestionando a su presidente. Cómo se va a cuestionar a un presidente que está bendecido por Dios, o que como, Hugo Chávez, aparece al lado del Corazón de Jesús. En las imágenes, su rostro humano se desfigura. Sí, es una vieja historia, la de los hombres que dejan de serlo; y la de los pueblos que, en fila, uniformados y obedientes también dejan de ser un pueblo.

 

sanchomas@gmail.com