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De forma cada vez más creciente, utilizamos palabras y expresiones latinas en todos los registros de la lengua. El uso más frecuente lo encontramos en la ciencia y la tecnología. Algunas voces mantienen el significado latino, como pústula (‘ampolla llena de pus’) en medicina, y círculo en geometría. Otros cambian su significado: artículum ‘articulación pequeña’ > artículo ‘escrito periodístico’; y otros son neologismos creados con afijos o raíces latinas: somnum ‘sueño’ + fero ‘llevar’ > somnífero (‘dícese de lo que da o causa sueño’). Hay neologismos científicos en los que se utilizan combinaciones grecolatinas, como pluviómetro: lat. pluvia ‘lluvia’ + gr. metrón ‘medida’ > pluviómetro (‘aparato que sirve para medir la lluvia que cae en lugar y tiempo dados’); o combinaciones de raíces clásicas y españolas, como pluriempleo: lat. pluri ‘varios’ + empleo > pluriempleo (‘situación social caracterizada por el desempeño de varios cargos, empleos, oficios, etc., por la misma persona’).

En la esfera de la ciencia del derecho o jurisprudencia (lat. iuris, de la ley y prudentia, prudencia), los latinismos son igualmente abundantísimos, porque Roma es la capital del Derecho; de ahí lo del Derecho Romano, base técnica de nuestro sistema de derecho, que llegó hasta nuestros días.

Los documentos eclesiales (del lat. medieval eclesialis) rebosan también de términos latinos; así, la encíclica de León XIII, el gran Pontífice de la “cuestión social”, en la cual aborda el trabajo humano de los obreros, precisando los derechos y deberes de los que “aportan el capital y los que ponen el trabajo” se titula Rerum novarum (1891), que significa ‘De las cosas nuevas’.

Pero las voces latinas no se limitan a los campos señalados, porque en los medios de comunicación - incluso en el habla corriente- la frecuencia de su uso va en ascenso. ¿Quién no ha leído en los diarios que en nuestro país hay un déficit de viviendas, o que una empresa exitosa está operando con un envidiable superávit? ¿Quién no ha empleado quórum (palabra que la Ortografía de la lengua española de 2010 recomienda escribir con la grafía plenamente adaptada cuórum) antes de empezar una reunión para tomar acuerdos, o la palabra álbum viendo una colección de fotografías? Cuando una persona dice que “ese es el quid de la cuestión”, se refiere a la ‘esencia, el punto más importante o el porqué de una cosa’, y un obrero dice en un zoológico que los felinos no están en su hábitat por mucho que se acondicione la jaula.

Todo individuo, si prefiere anotar con cierto orden las cosas que tiene que hacer, utiliza una agenda, y si no quiere enumerar todo escribe etcétera, que en latín significa ‘y lo demás’. En los certámenes científicos o concursos literarios, si no se obtiene el primer premio, un accésit es más que un honor, porque es la ‘recompensa inferior inmediata al premio’. En unas ocasiones, el honor – esa ‘cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo’- nos impulsa a asumir un cargo o distinción por razones meramente honoríficas, es decir, ad honorem (‘al honor de’). En otras, la universidad o alma mater (‘madre nutricia’) reconoce en una persona los méritos con un honoris causa (‘la causa del honor’), la misma que otorga distinciones, como cum laudem (‘con alabanza’), magna cum laudem (‘con gran alabanza’) y suma cum laudem (‘con suma alabanza’).

Lapsus, que en latín significa ‘resbalón’, lo empleamos a cada rato, porque somos proclives al error o equivocación por descuido. Puede ser un ‘error de la lengua’ (lapsus linguae), que generalmente cometemos involuntariamente al hablar. O un ‘error de la pluma’ (lapsus cálami), una equivocación igualmente involuntaria en la que se incurre al escribir. Incluso, puede ser un ‘error de la memoria’ (lapsus memoriae), que consiste en el olvido de una palabra en el momento en que se requiere.

Estas debilidades, como muchas otras, están contenidas en locuciones latinas como sentencias o proverbios que expresan un consejo o una experiencia cargada de sentido vital. ¿Quién no reconoce en la locución errare humanum est (‘errar es humano’) un adagio o una declaración doctrinal para enseñarnos que equivocarse es una condición ínsita en el ser humano? ¿Y quién no sabe que de los errores se aprende? Los latinos lo dijeron hace siglos: errando, corrígitur érror.  Equivocarse entonces es propio del ser humano, pero perseverar en el error es una torpeza: errare humánum es, sed in errore perseverare turpe (‘de hombres es equivocarse, pero de locos persistir en el error’). La frase se atribuye a Marco Tulio (106-43 a.C.) en sus Filípicas. Séneca el Joven lo dice de esta manera: Errare humanum est, sed perseverare diabolicum, que significa: ‘Errar es humano, pero perseverar (en el error) es diabólico’.

 

* Escritor y lingüista.

rmatuslazo@hotmail.com