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Los rescates financieros en el seno de los Estados europeos para garantizar el sistema económico se han saldado, sólo hay que ver lo que acontece en Portugal y en Grecia, con unos ganadores y unos perdedores.

Los perdedores, como siempre, han sido precisamente los titulares de la soberanía, los auténticos dueños del poder público. Unos perdedores a quienes ni siquiera se ha consultado si es conveniente o no usar los fondos de todos para evitar la liquidación del sistema financiero. Unos perdedores a quienes, en época de crisis, por sorprendente que parezca, se les endurece la presión fiscal, mientras órganos y organismos públicos por doquier, han seguido reclutando a afines y adeptos a la causa.

Ahora bien, si nos concentramos hoy en los denominados euro-rescates y observamos lo que está pasando en Grecia, podremos concluir afirmado la incoherencia de un rescate que deja al rescatado pero de lo que estaba y en ciernes de un nuevo rescate. ¿Será posible? Veámoslo brevemente.

Un país que es objeto de rescate por las autoridades europeas, lo es porque la confianza está por los suelos y porque el déficit público generado es de tal calibre que sin ayuda financiera el país en cuestión no puede salir adelante. Claro está, la responsabilidad de haber llegado a esta situación, en la que se gastó mucho más de lo que se ingresó, tiene nombres y apellidos que en algún momento, y no sólo en el plano político, tendrán, como su propio nombre indica, que responder de las decisiones adoptadas.

El país rescatado debe comprometerse, para recibir una ayuda que no es a fondo perdido, a ahorrar y así disponer de fondos que permitan la recuperación. El problema, el gran problema, es que los fondos del rescate a su vez se prestan con elevados intereses y con unas durísimas condiciones que no siempre se pueden cumplir. Es más, en este panorama, la deuda, ya de por sí alta, seguirá creciendo y creciendo y, por ello, habrá que pagar más porque los intereses son más elevados. Los créditos serán cada vez más difíciles de conseguir, y en condiciones más leoninas, con lo que la situación se convierte en una bola de nieve.

Otro problema es que el rescate trae consigo ajustes sin cuento con la consiguiente disminución del gasto público. En estas condiciones el país rescatado, es lógico, produce menos y, también, ingresa menos, con lo que el PIB baja y se reduce la capacidad de reducir la deuda.

Por si fuera poco, el coste de los productos en el mercado, lo estamos sufriendo precisamente en estos días, no baja, lo que empobrece aceleradamente a estos países. El caso de Grecia es paradigmático: se empobrece a toda máquina sin posibilidades de recuperarse. Grecia, que ha recibido 110.000 millones de euros para dos años, al final del período volverá a la misma insostenible situación con todavía más dinero que devolver.

En fin, ¿por qué los rescates financieros al interior de los Estados los pagan los de siempre? ¿Por qué los rescates de la UE y del FMI, al menos en el caso de Grecia, están consiguiendo empobrecer a un país de por sí con problemas y a una ciudadanía claramente perjudicada por unos políticos negligentes e irresponsables?

¿Deberán los dirigentes de la cosa pública asumir sus responsabilidades o estas, con alguna excepción, deberán continuar en ese limbo de la responsabilidad política?. ¿Es que de nada tienen que responder más allá de lo político quienes con sus decisiones han perjudicado notablemente, palmariamente, las condiciones de vida de la ciudadanía? ¿Es que no es posible ejercitar la acción pauliana también en esta materia?

 

* Catedrático de derecho administrativo. España.