•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Que los desastrosos resultados en los exámenes de admisión de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) no sean una sorpresa, no debería aliviar en absoluto de la severa preocupación que tal hecho demanda. Sencillamente, no formar bien a nuestros niños, niñas y jóvenes es renunciar al futuro, y condenar a millones a la trasmisión intergeneracional de la pobreza y la frustración.

Tanto más desastrosos son esos resultados cuando, en la misma semana, El Nuevo Diario publicó un reportaje señalando que las profesiones más rentables son las ingenierías y las relacionadas con las nuevas tecnologías de la información.

Esos resultados -solamente seis de cada 100 estudiantes aprobaron, por cierto en sintonía con el promedio de los años precedentes- ponen en entredicho a la totalidad de nuestro sistema educativo, pues casi tan mal les fue a los estudiantes que procedían de colegios públicos como a los que procedían de colegios privados. Y, por lo demás, revelan un déficit de calidad educativa que se viene arrastrando, y probablemente acentuando según algunos expertos, desde hace varias décadas.

Politizar el análisis del problema -en un extremo recargando toda la culpa en el actual gobierno, y en otro extremo recargándola en los “nefastos gobiernos neoliberales”- no ayuda un ápice al establecimiento de bases de solución del problema. Como en otros temas, con seguridad hay desde el punto de vista técnico una franja muy ancha sobre la cual construir un amplio consenso nacional sobre lo que se debe hacer para iniciar, ya, un proceso de mejoría de la calidad de nuestra educación.

Los expertos en el tema sabrán hacer aportes específicos para un Plan Nacional Educativo que enfrente el problema, que no solamente tiene que ver con la educación media sino también con la necesidad de una política de atención integral a la primera infancia, la educación básica, la media y técnica, y la universitaria. Pero desde un punto de vista general, de políticas públicas, al menos tres cosas se destacan.

Primero, así como no se debe politizar el análisis del problema, menos partidarizarlo, se debe despolitizar y con mayor razón despartidarizar nuestro sistema educativo. Por el lado de las ciencias sociales -en que la propaganda domina- no estamos formando ciudadanos abiertos, tolerantes, críticos. Y por el lado de dominio del lenguaje y las matemáticas, ya hemos visto los resultados.

Segundo, nuestro país se debería incorporar a algún sistema internacional prestigioso de pruebas estandarizadas de calidad educativa, a fin de tener una base objetiva, creíble, de medición de la evolución de nuestro sistema educativo. Tener una base objetiva de medición de la calidad en la educación ayudará a despolitizar el debate sobre el tema. Esto debe hacerse pronto, no vaya a ser que prevalezca la tentación de empezar, como en otros campos, a manipular las estadísticas.

Tercero, y para no inventar el agua tibia, empezar ya un plan nacional de elevación de la calidad de los docentes. Recuerdo haber leído no hace mucho tiempo que la Fundación Gates hizo un estudio para determinar los principales factores que incidían en la calidad de la educación en los Estados Unidos, y encontró que entre muchos factores -número de alumnos por aula, equipamiento, textos, etc. la calidad de los maestros era lo más importante.

Un plan nacional para mejorar la calidad de los maestros y profesores tiene que ver con las Escuelas Normales y las Universidades, pero fundamentalmente con el establecimiento de un programa permanente de profesionalización de los actuales docentes.

Pero un plan nacional para elevar la calidad de los profesores y maestros debe tener, antes que todo, un enfoque de dignificación del magisterio: nadie se reclutará por razones política, ningún maestro deberá sentir arriesgada su estabilidad por razones partidarias, y a los necesarios reajustes salariales para que sean docentes de tiempo completo -y no tengan que ir a agenciarse ingresos en trabajos extras- habrá que agregarse incentivos financieros vinculados a los cambios en la calidad de la educación.

No es difícil saber qué tenemos que hacer para enfrentar el problema de la calidad de nuestro sistema educativo. La pregunta del millón es: con este gobierno, ¿será posible?

Si lo hace, estaré entre los primeros en reconocerlo.

 

* Economista.