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El sábado 5 de enero END público un interesante conversatorio de dos ideólogos del capitalismo: el escritor peruano Mario Vargas Llosa y el señor Gilles Lipovetsky. El tema giró sobre qué influirá más en la salvaguarda del capitalismo, si la cultura de masas o la alta cultura. Independientemente de las divergencias triviales, ambos personajes se identifican en temas de libertad, democracia, capitalismo, muerte de ideologías, egoísmo, totalitarismo, violencia, espectáculo de masas, el rol de la escuela y televisión en la sociedad.

Era meritorio el espacio concedido por el medio de comunicación, primero por la reputación que ostentan los exponentes y la amalgama de tópicos analizados, que estuvieron preñados de verdades a medias, una visión retorcida de la historia, apología al capitalismo; venden la idea que el hombre ha encontrado la felicidad y llenado sus expectativas materiales y espirituales con el capitalismo. Se ocultan las atrocidades de que ha sido víctima el ser humano desde que el feudalismo dio paso a la economía de mercado.

Como nadie puede tapar el sol con un dedo, los ideólogos del capitalismo tuvieron que reconocer que la sociedad capitalista atraviesa por una profunda crisis de valores; en las ciudades reina la violencia, la delincuencia crece cada día, el egoísmo es el faro que guía y permite al hombre sobrevivir individualmente. Si se elimina el egoísmo, ipso facto desaparece la libertad, ya que el ser libre conlleva a no tener cortapisas de conducta en lo económico, social, cultural y artístico. En el capital la libertad de unos cuantos implica la sumisión y subordinación de las mayorías.

Cuando los romanos despotricaban contra Cayo Julio César, tildándolo de dictador, clamaban por su libertad, pero esa libertad no era para los millones de esclavos, sino sólo para los esclavistas. Igual pasa con los apologistas del capitalismo, gritan al cielo por la libertad, pero es su propia libertad y no la del trabajador, del obrero, del campesino pobre, no es la libertad del esclavo moderno, el asalariado del gran capital.

El concepto de libertad de los ideólogos del capital es meramente libertinaje, lo que ineluctablemente lleva al sistema a profundas crisis económicas regionales y mundiales que ponen en entredicho al modelo. La economía mundial ahora es controlada por los oligopolios financieros, éstos especulan con los precios de las materias primas, los cuales suben y bajan en función de saciar esa sed de ganancias multimillonarias; se produce la burbuja, para luego disolverse estrepitosamente, lo que trae tsunamis y terremotos económicos, como la crisis de 1929 y la actual crisis económica que atraviesan Estados Unidos y Europa.

Es muy fácil hablar de las bondades del capitalismo, ocultando las deformaciones y contradicciones internas, las guerras intestinas que viven los mismos capitalistas, las quiebras bancarias, caída de la producción, ejército de desempleados, crisis cíclicas por las que ha atravesado el sistema por más de 300 años.

Se condenan el totalitarismo, las ideas revolucionarias; se bendice el eufemismo denominado democracia, más pregunto: ¿Quién parió el totalitarismo de derecha en el siglo XX? Hablo del fascismo italiano, alemán y español. ¿No fue Adolf Hitler, Mussolini, Francisco Franco, hijos paridos y alimentados por el gran capital, creados precisamente para aplastar al socialismo encabezado por la URSS?

El nazismo hitleriano fue un enemigo anticomunista a ultranza. ¿No fue acaso la ideología del capitalismo que llevó al poder político a los fascistas europeos? ¿Fue acaso el totalitarismo de izquierda el que desencadenó la primera y segunda guerra mundial, donde murieron casi 100 millones de seres humanos, cosa nunca vista en la historia de la humanidad?

Estos puntos son soslayados por los prominentes escritores, pese que saben muy bien que son verdades incuestionables. Entonces, ante la decadencia del capitalismo, afanosamente buscan una tabla de salvación para salvar lo insalvable. Elucubran en cuanto al mecanismo de sobrevivencia, se inclinan por la cultura de masas y la alta cultura porque ambos concluyen que la religión ya no es opción.

Vuelven la mirada a la escuela, a la educación, pero el sistema educativo está diseñado para salvaguardar el modelo de producción capitalista, por ende, al final se cae en un círculo vicioso del cual por el momento no es posible salir.

 

* Abogado y notario público.