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En Nicaragua no existe ni ha existido ley para prevenir y controlar el ruido. Solamente tenemos artículos, tanto en algunas ordenanzas como en leyes de cada sector: salud, medioambiente, tránsito, laboral, etc. Por eso, aunque no haya ley específica, podemos reclamar cuando el ruido nos afecta.

En el 2005 se aprobó la ley 559, “Ley especial de delitos contra el medioambiente y los recursos naturales”. El artículo 9, sobre ruido, causó tanto impacto que se comenzó a hablar de la “Ley del ruido”.

En el 2007 se aprobó el nuevo Código Penal, Ley 641. Y en su artículo 566, inciso 34, derogó la Ley 559, esta famosa “Ley del ruido”. Pero es increíble el sobrevuelo que causó, que se sigue mencionando como si estuviera vigente. Lo bueno fue que comenzamos a preocuparnos por el ruido.

En el nuevo Código Penal se integró el contenido de la ley 559, en el Libro de Delitos, Título XV, “Construcciones prohibidas y delitos contra la naturaleza y el medioambiente”. El ruido quedó fuera, aparece en el Libro de Faltas, artículo 534, que corresponde al famoso artículo 9 de la ley derogada. También hay, dentro de las faltas, otro aplicable al ruido: el escándalo público (Art. 537).

Sin embargo, hay artículos del Código que pueden aplicarse y reclamar como delito. Son los referidos a lesiones (“alteración en la salud y cualquier otro daño a la integridad física o psíquica de las personas, siempre que sean producidos por una causa externa”): artículo 150 y siguientes. Esto para la vía penal.

Se puede recurrir también por la vía administrativa, ante diferentes instancias, según la fuente de ruido, los efectos y las competencias de las instituciones. Y por violación a los derechos constitucionales, entre ellos, los derechos humanos (Arto. 46), derecho a la salud (59) y al medioambiente saludable (60). Inclusive, se puede buscar auxilio mediante el Derecho Civil.

Además, si se violan los derechos es porque hay autoridades que no han cumplido con su deber; por lo tanto, han cometido delitos contra la administración pública y desacatado la Constitución.

En síntesis, no existe Ley del ruido, pero sí otras normas jurídicas. Quizás causa confusión que a cada momento se estén reformando. ¿Será que se crean a la carrera? Y con tanta ley y tantos cambios, no se sabe qué realmente es lo que vale.

Por supuesto, hace falta una ley específica sobre ruido. O una ordenanza tipo, para guía de las municipales. Pero lo que más falta hace es que se aplique lo que hay. Que todos los funcionarios entiendan el problema, no sólo unos cuantos. Y resuelvan de verdad. Que cumplan con los plazos, pues hacen tan eterno el proceso, que la gente se cansa. Y cuando resuelven algo, muchas veces no lo hacen cumplir.

Por eso, con ley o sin ley, busquemos como restituir nuestro derecho a la salud y a la tranquilidad: no hagamos ruido. Es sencillo. Y es señal de educación y consideración.

Estas palabras que con frecuencia escribo, agradecen a las almas que escuchan y las anidan creadoras para construir un entorno sonoro saludable.

 

doraldinazu@gmail.com