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Cuando terminó el conflicto armado en 1990, Nicaragua había vivido momentos gloriosos y oportunos para promover el país, justo en la euforia del triunfo de la revolución; era la oportunidad de darse a conocer en el extranjero. Posteriormente la inversión en turismo nicaragüense ha sido más que evidente.

En los últimos seis años la diversificación de servicios es más exigente y requiere de mayor inversión económica. Así como ha proveído facilidades de trabajo a diversas familias en el sector urbano, es una oportunidad para que en el área rural se conviva con un turismo amigable con la naturaleza.

Cada vez que el director del Instituto de Turismo, Mario Salinas, anuncia inversiones, espero que sea fuera de Managua, principalmente de las cadenas hoteleras europeas o estadounidenses que dado el clima positivo de negocios encuentran la oportunidad de invertir.

Alentador resultan las aperturas de centros turísticos en donde se muestra la naturaleza de Nicaragua, caso particular la Ruta del Café, Ruta de Sandino, Ruta del Agua y Ruta de los Volcanes. Cada una con sus atractivos particulares, pero con el denominador común de conocer y consumir lo nuestro.

La seguridad que brindan las autoridades es muestra de que las cosas van mejorando. Al final de 2012 la presencia física de miembros de la Policía Nacional aparentemente era casi nula en León, por ejemplo. La imagen de un país tranquilo, sano, seguro, que no solamente sea por una temporada o en una ciudad, sino permanente e integral.

Que las ganancias que ha generado el turismo, poco más de 400 millones de córdobas, se retribuyan en el mantenimiento de locales vulnerables, y que se restituyan los verdaderos derechos a personas que se les han quitado años atrás: convivir con el medio que les vio crecer; ejemplo: el derecho a costa en el mar, caso específico en el sector sur de la Isla de Ometepe, en donde hay “dueños de playas privadas” que prohíben su pasada, menos pescar o bañarse. A comunitarios se les prohíbe acceso libre a complejos volcánicos, como Cerro Negro, convirtiéndolos en negocios personales.

En el 2012 seguro que la mayoría del millón 700 mil turistas que llegaron a Nicaragua tuvieron una grata estadía y las más hermosas aventuras, pero también hay quienes de alguna u otra manera sufrieron ultrajes de parte de autoridades, servidores públicos, taxistas que aumentan tarifa y uno que otro ratero. Una mala acción de cada nicaragüense se reproduce en la mente de posibles visitantes que vendrían para consumir.

El puesto número 3, de 49 sitios turísticos a visitar en 2013, según el diario estadounidense The New York Times, es una oportunidad de promoción que el gobierno aprovecha para el posicionamiento en la mente del potencial visitante. Por su parte, grupos de empresas turísticas, tours operadoras, cooperativas comunitarias y particulares requieren de financiamiento razonable y consecuente. Y la gran esperanza: que medios de comunicación y agencias de inversiones promuevan activamente las pequeñas y medianas empresas, ingrediente esencial para la economía nicaragüense y centroamericana.

 

* Comunicador social.