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La undécima edición del Simposio Internacional sobre Rubén Darío, esta vez consagrado a sus crónicas, tuvo lugar en León del jueves 17 al lunes 21 de enero. Cinco invitados extranjeros participaron: la estudiosa argentina Nidia Burgos, la novelista cubana Josefina Leiva, la académica estadounidense Kathleen O’connor Bates, el catedrático mexicano Hugo Espinoza y el escritor hondureño Víctor Manuel Ramos.

Aunque ninguno ha publicado libro sobre Rubén Darío, ni pueden considerarse expertos en su obra, han convertido el evento en espacio de reflexión lúcida, pues no es la primera vez que asisten a la ciudad dariana por excelencia de Nicaragua. Especialista en literatura de su país, Burgos impartió la lección inaugural destacando, magistralmente, los rasgos modernos, cosmopolitas e identitarios de las crónicas de Darío. Por su lado, Ramos —subdirector de la Academia Hondureña de la Lengua— reseñó la obra editada por la nicaragüense, y reunida por el suscrito, La República de Panamá y otras crónicas desconocidas (2011). La dimensión latinoamericana y el unionismo centroamericano fueron los aspectos relevantes que desarrolló el amigo y colega catracho.

Docente de la Universidad Nacional Autónoma de México, Espinoza disertó sobre la apasionada fusión de arte y periodismo que vibraba en las crónicas-ensayos de Darío. En cuanto a Leiva y a O’connor Bates, sus temas versaron respectivamente sobre La vida de Rubén Darío escrita por él mismo (1912) y la experiencia del gran poeta en París, al final desencantada.

Uno de los participantes locales más persistentes de los simposios, el arquitecto Jaime Serrano Mena, expuso la incidencia de Rubén en las crónicas del nicaragüense Eduardo Avilés Ramírez (1845-1989); el cronista norteño ingeniero Eddy Kühl Arauz rememoró el entorno del nacimiento del bardo en Metapa; el director de la Academia Nicaragüense de la Lengua, licenciado Francisco Arellano Oviedo, se ocupó de la autobiografía dariana; el narrador y lingüista Carlos Alemán Ocampo revivió las fuerzas infalibles populares en la infancia de Darío y la maestra Isolda Rodríguez Rosales asedió la visión que el cronista enviado por el diario bonaerense La Nación tuvo del subdesarrollo de la península en España Contemporánea (1901).

También el leonés y estudiante en Berkeley, León Salvatierra, retomó el concepto de Max Henríquez Ureña del “retorno de los galeones” en la ponencia: “Inversa conquista: la escritura canibalesca en la silva ‘Estival’ de Azul…” y la dariana Nydia Palacios —quien no ha fallado a ninguno de los once simposios— identificó los ecos darianos, a través de la armonía universal y la reencarnación, en dos novelas: una del nicaragüense Juan Felipe Toruño (1898-1980) y la otra de Josefina Leyva.

Asimismo, el poderoso diputado efeselenista y ducho en parlamentarismo, Edwin Castro Rodríguez, aportó un repaso escolar de la evolución literaria de Darío; el poeta e investigador de la UPOLI, Anastasio Lovo, indagó el problema filosófico en “Lo fatal” e Iván Uriarte, doctor de Universidad de Pittsburgh, planteó una poética de la libertad en Darío y Sandino.

Por mi parte, cerré las exposiciones del domingo 20 en el Paraninfo de la UNAN-León, precedido de las leídas por la Embajadora de China-Taiwán, Ingrid Shin, y por el Embajador de Francia, Antoine Joly; si la primera relacionó a Darío con Li-Tai-Po, el segundo remarcó su impronta francesa. La mía se concentró en sus seis intentos novelísticos Emelina (1887), Caín (1895), El hombre de oro (1897), El secreto de Lázaro (1898), En la isla de oro (1907) y El oro de Mallorca (1913).

En el acto de clausura, además del coordinador académico Carlos Perezalonso, intervino el presidente del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica y Coordinador General del Simposio, licenciado René González Mejía; a él se le debe el tema central del correspondiente al 2004: “Darío: gestor de la unidad latinoamericana”.

Aparte de las actividades protocolarias y complementarias —como la inauguración de las vallas darianas en la UNAN y las casi maratónicas lecturas poéticas, organizadas por Perezalonso y Enrique Langrand— cabe reconocer a la artífice de los simposios desde 2003: María Manuela Sacasa de Prego, poeta, oratriz y ahora diputada. Ella mantiene encendida la llama de la dariolatría que ha caracterizado a la intelectualidad de León.

Finalmente, espero que el próximo año la calidad académica se acreciente con la presencia de extranjeros que hayan publicado libro sobre nuestro Rubén, es decir, de dariístas. Yo mismo, como en las tres primeras ediciones, procuraré colaborar en ese sentido.

 

* Escritor.