Jorge Eduardo Arellano
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Lic. Carlos Corea Balladares*
La ola de transformaciones económico-social y política-ideológico que vive el continente latinoamericano y el Caribe, es producto del fracaso del consenso de Washington y de la implementación de las políticas de ajuste estructural impulsadas por los organismos financieros internacionales como el FMI, el BID y BM. Dichos ajustes han dado como resultado la profundización de la pobreza y la marginación de las grandes masas populares y otros sectores sociales y, diametralmente opuesto, el enriquecimiento de un número reducido de empresarios y banqueros, oligarcas y burgueses.

La ola política de Latinoamérica, busca la mejoría del nivel de vida de estos sectores paupérrimos, y por ende, el desarrollo del país o nación.

Nicaragua está inmersa en esta ola de cambios pero, la polarización, la implementación y siembra del odio y la violencia, la exclusión y el menosprecio que reina en una sociedad dividida por guerra y pasiones político-ideológicas, estas transformaciones no son asimiladas por la inmensa mayoría de la sociedad.

En la recién finalizada Cumbre de PetroCaribe, el presidente Ortega expresó en su ponencia que la colaboración venezolana no podía subsidiar el sistema opresor, es decir, que era una necesidad su transformación en los países que tienen convenios con la empresa petrolera venezolana. En nuestro país mucho se escucha decir, específicamente a los representantes del FNT, que debemos atacar el sistema, transformar el sistema, ya que ha sido y es el causante de la situación de impotencia social existente.

El cambio o transformación debe producirse de forma articulada, armónica y coherente considerando la ubicación geográfica, clima, cultura productiva de los pobladores y otros elementos importantes de las diferentes regiones del país. Lo anterior debe ir acompañado con el esfuerzo del Ejecutivo (y demás Poderes del Estado), como el financiamiento a la pequeña y mediana producción, la individual, sobre todo en el campo para la autosostenibilidad alimentaria.

Es decir, que se debe tener una visión de nación para trabajar en función del cambio y transformación del país. Como he señalado en artículos anteriores, debemos trabajar en función de la liberación nacional para poder transitar hacia el socialismo.

La primera etapa es importante para la organización de las fuerzas productivas, elevar el nivel científico-técnico, cultural y político-ideológico de la sociedad, así como la pertenencia al Estado de los sectores claves de la economía como la energía eléctrica, el transporte en todas sus esferas, la infraestructura vial y terrestre, etc.

De esta manera, paulatinamente se desarrollará el cambio de las relaciones de producción, base esencial de la transformación del sistema, la cual depende de la concepción política-ideológica de la clase dominante que ostenta el poder político.

En nuestro caso se supone que el FSLN representa los intereses de los sectores populares y demás sectores económicos del país, pero no está claro cuál es la ideología dominante así como las ideas dominantes que deben de abrirse paso en una sociedad capitalista, atrasada, individualista, violenta, intolerante y excluyente. Todavía no está claro por qué no hay grandes discusiones al respecto, cuáles son los ejes sobre los cuales debe transformarse gradualmente el sistema. ¿Qué tipo de sistema? ¿El parlamentario? ¿El socialismo? ¿Cómo implementar el socialismo en el siglo XXI? ¿El socialismo impulsado por la revolución bolivariana?
Las grandes discusiones teóricos-prácticas sobre los aspectos antes señalados no están a la orden del día. Durante año y medio del gobierno del FSLN no hemos visto una sesión de trabajo de los representantes de los diferentes Poderes del Estado. Se han realizado encuentros bilaterales con el Ejecutivo, pero éste, como punta de lanza del sandinismo en el poder, no ha logrado articular en un sólo esfuerzo a dichos Poderes de cara al cambio del sistema.

Parece ser que sólo el Ejecutivo está realizando transformaciones en lo económico-social (bono productivo, hambre cero, usura cero, calles para el pueblo), lo cual, por sí solo no conlleva al cambio de sistema.

Con el hecho que la Asamblea Nacional elabore una ley de nivelación salarial para eliminar esta brecha bochornosa y la anarquía salarial respecto al Legislativo, Judicial y Electoral, se estaría enviando una señal práctica de buena voluntad, para avanzar gradualmente en este cambio y transformación.

Estos y otros temas importantes deben centrar el debate, la discusión, el intercambio de ideas sobre el futuro del país. La conducción nacional del FSLN debe llamar a la realización de un congreso extraordinario para discutir el papel de partido en esta etapa que vive el país, transformarlo, modernizarlo, ajustar los estatutos, principios, programas, su visión y misión al cambio de época que se está llevando a efecto en el mundo, Latinoamérica y obviamente en Nicaragua. No es con imposiciones, desprecio a las ideas, intolerancia, bravatas y descalificaciones que se realizarán las transformaciones. El cambio de sistema no se produce promoviendo la polarización. Su consecuencia es la guerra civil.

No es con el debate sobre “Sandinistas Democráticos o sandinistas revolucionarios”; “si estuve en el SMP o no”; “si no pude coronar mis estudios o viví en la casa del comandante Borge”, etc. El debate debe ser de altura, pensando en grande y no chismorreando.

*Periodista, docente UPF-San Carlos, graduado en ciencias sociales en la ex – RDA.