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El bosque tropical seco de Nicaragua sobresale por sus altos niveles de endemismo, por la diversidad de mamíferos y la diversidad funcional de sus ecosistemas. Sin embargo, muchas más causas hacen que sea un tesoro en términos de biodiversidad y alta prioridad de conservación a nivel mundial.

La importancia del bosque seco radica, entre otras cosas, en que el 80% de la población nicaragüense está concentrada en las regiones del pacífico, norte y central, donde están ubicadas las zonas secas del país, según el Programa de Acción Nacional de Lucha contra la Desertificación.

El mismo documento indica que el 50% de la población está asentada en solo el 15% del territorio nacional, evidenciando una gran presión social sobre el bosque seco (siete veces mayor al resto de ecosistemas del país) y una alta dependencia de la población sobre el mismo.

Esas cifras develan grandes problemas debido a que esta es una de las zonas más degradadas por los sistemas productivos tradicionales de monocultivo. Como consecuencia, la región es una de las más vulnerables ante los efectos del cambio climático, con grandes riesgos sobre la seguridad alimentaria de la población, la sostenibilidad económica de las actividades productivas y la salud ambiental de los y las pobladoras, debido a la pérdida de cobertura vegetal, que tiene como consecuencia la erosión, pérdida de biodiversidad y particularmente en occidente el regreso de las tolvaneras, antes producto del cultivo del algodón y ahora por los cultivos de caña de azúcar y maní.

Conscientes de la necesidad de preservar el bosque seco y con el fin de paliar las amenazas a las que a diario está expuesto, un grupo de Organizaciones No Gubernamentales se unió para trabajar en la definición y socialización del Programa Bosque Seco, que tiene como objetivo el de contribuir a la conservación y recuperación del ecosistema de bosque seco en Nicaragua, potenciando las oportunidades y maximizando los beneficios que este ecosistema brinda a los actores locales en materia económica y ambiental, con énfasis particular en la conservación de los recursos hídricos.

Parte de los esfuerzos que se realizan incluyen el asesoramiento a unidades productivas del municipio de León y el intercambio de experiencias con sistemas de producción exitosos y sostenibles, que se pueden adaptar a la zona seca. Algunos de los productores y productoras beneficiados tienen que poner en práctica la agricultura conservacionista.

Actualmente se está incursionando en las mesas interinstitucionales contra incendios forestales y gabinetes ambientales municipales para poner en agenda el tema de bosque seco, a fin de articular acciones y alianzas estratégicas para la protección del bosque seco.

El camino está emprendido, pero es necesario un cambio de cultura, un compromiso colectivo e invidual, especialmente en las áreas productivas, que tenga como fin el aumento de la cobertura boscosa y el mantenimiento de la cosecha de agua para asegurar una mejoría considerable en las condiciones de vida del 80% de los nicaragüenses.

 

* M.Sc. Director Ejecutivo, Fundación Amigos del Río San Juan (FUNDAR).

www.fundar.org.ni