•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

La cultura es posible porque existen seres concretos que la producen, que la generan, que viven una realidad en transformación permanente a la cual deben estar articulados. Como plantea el comunicólogo argentino, Luis Fernando Botero, la cultura también es una respuesta dialéctica, una creación continua que encuentra en la propia vida la posibilidad para su existencia y reproducción.

“Si la cultura existe, es porque existen pueblos que la van creando desde su propia cotidianidad, ya sea para mantenerse, para recrearse o innovarse de acuerdo a los cambiantes condicionamientos de la historia”, expone.

La cultura hace posible el equilibrio entre el cambio y la permanencia; por ello es necesario verla como una dialéctica continua de la creación y producción humana y no como una “cosa” inamovible, sino en constante cambio y transformación.

La cultura vista como producción humana posibilita un acercamiento mucho más vital a los seres concretos que la generan; por ello que no pretendo hacer una definición de la cultura sino verla desde la propia dialéctica de la vida, como un resultado, creación continua del hombre.

La cultura, según Botero, es una respuesta creadora frente a la vida y un instrumento imprescindible para su transformación. ¿Cómo podríamos entender entonces esa fuerza que aferra a los pueblos indígenas del continente en su lucha por la defensa de su identidad a lo largo de estos 530 años de dominación?

Mas que pretender encontrar las “esencias” como pretendió la antropología tradicional, queremos ver en la antropología, como dice Botero, “una posibilidad de cuestionar toda la serie de paradigmas que se elaboraron en torno a la conceptualización de los “objetos” de estudio, que no han sido sino la expresión de un proceso de imposición, de una visión distinta sobre el “otro”.

No olvidemos que la antropología posibilitó la expansión del colonialismo y en base a categorías como las de “raza” viabilizó la explotación de las llamadas “razas primitivas”. Botero explica que proyectos como el Camelot, utilizaron la antropología para extender los intereses geopolíticos y militares del gobierno de EU y frenar los focos de lucha social en América Latina.

Concepciones como “fronteras étnicas” han sido utilizadas para imponer la fragmentación de las grandes áreas culturales, pretendiendo reducir a los pueblos indígenas a un encerramiento anti histórico y convertirlos en museos vivientes sin entender que con el desarrollo tecnológico de la información no existe zona en el planeta que se mantenga aislada y pueda preservar incontaminada su frontera étnica.

La antropología debe posibilitar una crítica de esa visión de “el otro”, acercándose en forma más creadora al hombre real. Debe contribuir a desmontar toda esa estructura de conceptualizaciones equivocadas sobre la cultura, la identidad, lo étnico, que fueron construidas desde la racionalidad occidental para viabilizar la dominación.

La cultura se nutre de la realidad y permite dar motivos para la producción simbólica. No se puede caer en el determinismo de ver un rasgo u otro como definitorio de cultura. La cultura rebasa lo lingüístico, se expresa también en lo social, lo económico, político, ideológico.

No podemos buscar cultura únicamente en aquello que sea fácilmente perceptible: vestido, lengua, ritualidad, fiesta, etc., sino también en aquellas manifestaciones que no siempre están conscientemente vividas, ni obviamente manifiestas.

 

* Periodista.