Bayardo Altamirano López
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Algunos creen que son un invento reciente. En realidad son asunto más viejo que el pinol. Por los años 1800 Nicolás Otto inventó el motor que lleva su nombre, empleando precisamente como energía motriz, la proveniente del agro. Henry Ford construyó un carro diseñado para trabajar con agro combustible que luego modifico para moverlo con gasolina.

No hay dudas que el combustible fósil se está agotando. Su precio internacional camina hacia los 100 dólares y no queda de otra que buscar alternativas. Una propuesta es utilizar granos comestibles, encareciendo los alimentos y provocando más hambre en el mundo. Otra es emplear plantas que no sean alimento humano y se cosechen en tierras marginales. En la UNI con ayuda de la cooperación austriaca trabajamos investigando en este sentido. Se logro producir el ester metílico del tempate que parecía diesel y tenía ciertas bondades. No dañaba los motores y su costo era de un dólar el galón. Austria nos donó una planta industrial productora que se ubicó en Telica. Terminada la investigación se entregó al INE para su aprovechamiento y explotación comercial pero los gobiernos neoliberales la echaron al olvido. El gobierno actual que tiene ayuda venezolana con créditos petroleros cuantiosos y la perspectiva de la refinería, no se ha interesado en el tema.

Estados Unidos se ha ido por la primera alternativa mencionada. Están transformando maíz en etanol. Bush que hizo la matanzina de Irak por el petróleo, ha instruido usar las energías alternativas. Propuso sustituir en un 20% el consumo de gasolina. Ya están produciendo millones de galones de etanol usando 48 toneladas de maíz sustraído del consumo humano. Pero a penas van por el 5%.

Esto ha provocado efectos no deseados. La demanda de maíz ha disparado su precio. Las transnacionales ávidas de lucro fácil han corrido como moscas sobre el pastel. Al revés de la gente pobre que mira con preocupación quedarse sin su bastimento engaña tripas. A las empresas les importa un pito que no tengamos tortillas.

En Brasil Lula convertido de sindicalista a gobernante trata de resolver el problema usando caña de azúcar. Piensa que el biodiesel disminuirá la dependencia de nuestros países. Algunos éxitos ha tenido pero el Movimiento de los Sin Tierra pega el grito de que los agro combustibles estimulan el monocultivo y los monopolios, jodiendo si se puede más a los campesinos fazendeiros. Una transnacional ya compró en Sao Paulo 36 mil hectáreas cañeras y la planta más grande para fabricar alcohol carburante que exportara al país de los cheles.

De manera que el debate está en lo fino. Fidel en sus reflexiones en Granma dice que solo agudizaran el hambre y la esclavitud rural. Resuelven un problema y agravan otro. Las transnacionales van a caballito. Los ánimos se alteran y los puños se crispan ¿Usted a cual se apunta? La opción que le recomiendo es con los pobres de la tierra aunque sea comiéndonos las uñas. Tortillas de vez en cuando. O de vez en nunca.