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Los derechos humanos son los principios y valores necesarios para la convivencia. Por eso se dice que orientan a la democracia. El nexo entre democracia y derechos humanos lo encontramos en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, que dice en su Artículo 21.3: “La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto”.

Seguido, con el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos del año 1966 la democracia se perfecciona y los nuevos derechos y libertades fundamentan aquella democracia que se quiera establecer como ideal.

La democracia tiene una larga historia en Occidente, ha sido directa en Grecia antigua, representativa después de la Revolución Francesa, popular con los regímenes socialistas y hoy se afirma que existe una democracia participativa. Nuestra Constitución Política vigente y sus reformas en su Artículo 7 dice literalmente: “Nicaragua es una República democrática, participativa y representativa”.

Los derechos humanos son la plenitud de la democracia, sin ellos en estos tiempos es imposible llamar democrático un estado o un gobierno.

¿Existe en nuestro país un irrestricto respeto, protección y promoción de los derechos humanos? ¿Hay realmente una separación de poderes y una coordinación armónica entre ellos? ¿El poder judicial es independiente? ¿Funciona efectivamente un sistema pluralista de partidos políticos? ¿Son los partidos expresión única de la democracia? ¿Dónde está la transparencia de la administración pública? ¿Son libres, independientes y plurales los medios de comunicación?

Sin duda la respuesta es que los derechos humanos son violados: el derecho a la vida, la libertad y seguridad; el derecho a la educación, al trabajo, a la salud, a una vivienda digna, a un medio ambiente sano, a la integridad física y psicológica de las mujeres; a un salario digno, etc.

La división de poderes diríamos que es una sumisión de poderes a un solo partido. Los partidos son solo una suma anacrónica de siglas totalmente desprestigiada, carente de legitimidad y autoridad; acomodaticia y traicionante. Y al parecer todos los partidos políticos están a la derecha. Se necesita un cambio ético y una nueva concepción de política, no de nuevas caras, porque quizás ya traen las semillas del mal.

Dado que la política y sus anticuados instrumentos venales que son los partidos se han privatizado, es que es imprescindible la renovación de la política. Además, ¿quién ha dicho que los partidos son la exclusiva vía de la democracia cuando ya operan con gran eficiencia los movimientos sociales?

De la corrupción no hace falta comentar: no existe transparencia ni rendición de cuentas ni sabemos cuáles son los negocios privados ni lo que es deuda pública. Los medios de comunicación no son reprimidos sino adquiridos o bendecidos para que prosperen algunos y otros mueran por inanición y desaliento.

 

* Profesor.