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Muy acertadamente, un organismo de apoyo a la niñez y juventud mundial señala que una de las causas de la pobreza material que abruma a gran parte de la juventud nicaragüense es la pobreza espiritual y la desesperanza. A tan certera apreciación debo agregar que la pobreza espiritual no es una causa más; los hechos demuestran que es la causa principal.

La pobreza espiritual carcome la vida y malogra la semilla emprendedora que toda persona lleva dentro de sí. De ahí que, lograr que tal semilla germine y dé buenos frutos, es el reto permanente y necesario de toda sociedad que desee mejorar su calidad de vida material y espiritual. Ahí reside la importancia estratégica de promover, orientar y desarrollar el espíritu y cultura emprendedora en nuestra juventud.

Realizar correctamente esta tarea significa preparar a la juventud para tomar la dirección de sus vidas con responsabilidad, capacidad de análisis, deseo de superación, desarrollo de habilidades y especialmente optimismo por vivir. Significa también desarrollar habilidades que les serán de gran importancia en su vida laboral y social. Es permitirles aprender a partir de sus propias experiencias a manejar riesgos y resultados, como algo inherente y cotidiano en la vida de toda persona. Es hacerles comprender que cada quien construye su propio futuro y juntos podemos colaborar con el de cada quien.

Es importante tener presente que el espíritu emprendedor cubre un amplio espectro de nuestras vidas, oficios y profesiones. Tan emprendedora es la persona que monta un negocio, como la que organiza a su comunidad para ejecutar una jornada de vacunación jamás antes realizada, o motiva a la juventud para estructurar equipos deportivos u otros tipos de eventos propios de su edad.

Pero no hay que olvidar que el potencial emprendedor, al igual que otros talentos de la juventud, tiene dos destinos: construir o destruir. De las motivaciones y perspectivas de vida que posea la persona dependerá el uso que dé a su iniciativa y acción emprendedora. Es por eso que existen pandillas delincuenciales muy bien estructuradas, lo mismo que grupos de jóvenes que trabajan por la paz, el desarrollo, u otras acciones que benefician a la sociedad.

Se debe tener presente que el entorno en que se desenvuelve el joven incide mucho más que sus capacidades innatas o genéticas, para definir su concepción de la vida y valorarse como persona. La herencia genética determina la inteligencia y el temperamento, pero pensamiento y comportamiento los determina principalmente el entorno. Entiéndase éste como círculos de amistades, educación formal y familiar, mensajes mediáticos, etc.

Dicho lo anterior, nos referiremos a lo que podría considerarse el primer paso del desarrollo emprendedor; la ilustración y motivación por una mejor vida a partir de ejemplos nacionales e internacionales que amplíen el horizonte mental del niño y adolescente. El mundo es del tamaño de nuestros pensamientos y éstos a su vez son del tamaño del mundo que percibimos.

Hay que cultivar un espíritu emprendedor, optimista y visionario para nuestra juventud y para todos nosotros. Por eso es importante que como país tengamos un proyecto de nación. Un proyecto que nos muestre mejores horizontes, que nos ilustre y atice el fuego ardiente de la motivación por el estudio, el trabajo, la libertad y la solidaridad. Así podremos erradicar la pobreza espiritual y la desesperanza, que tanto mal nos hacen. Está demostrado que, más que sus riquezas naturales, la mayor riqueza de un pueblo es su actitud emprendedora.

Chiquilistagua, febrero de 2013.