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El neoliberalismo convirtió un concepto económico abstracto, el mercado, en un nuevo dios con atributos antropomorfos que semejan los que el Antiguo Testamento atribuye a Jehová. Un dios con poder absoluto e incuestionable. Implacable en sus exigencias. Según sus estados de ánimo puede ser benefactor, punitivo o caprichoso. Desata cataclismos cuando está iracundo. Quienes dependen de él aceptan sus decisiones aunque se manifiesten arbitrarias y funestas, asumiendo que responden a una sabiduría que piensa en el beneficio de todos.

El viejo y vigente Carlos Marx definió correctamente el mercado como una “relación social” entre agentes económicos, seres de carne y hueso, que en el capitalismo actual como jamás en la historia de este sistema de producción, es una relación asimétrica extremadamente polarizada de dominación. Detrás del Jehová del neoliberalismo está el enmascaramiento de individuos particulares con intereses de clase que son acotables, y que toman decisiones apoyados en un andamiaje de instituciones, aparatos ideológicos, e ideólogos a su servicio. ¿Quiénes son estos individuos? Los dueños de las megacorporaciones multinacionales que dominan los mercados de bienes, servicios y trabajo en el mundo, y que están subordinadas a la racionalidad del capital financiero. Desde los centros del capitalismo y finales de los años 70 del siglo pasado, estas corporaciones gigantes vienen impulsando una estrategia global de acumulación de capital conocida con el errático nombre de “globalización”. La denominada globalización tiene su eje en el patrón neoliberal de política económica cuya aplicación adquiere los atributos ciegos de un fundamentalismo religioso.

En un cuerpo social de la periferia marginada, caso de Nicaragua, una protoburguesía sometida al capital corporativo multinacional, roñosa y mezquina, incapaz de imaginarse un desarrollo endógeno sustentado en la construcción de un mercado interior, reproduce como un eco genuflexo el fundamentalismo religioso que se elabora en los centros imperiales.

Año 2012. Llega a Nicaragua la delegación de pitonisos del FMI encargada de negociar un nuevo acuerdo con el gobierno. La reciben Bayardo y el equipo económico que ha otorgado al FMI la investidura de aliado estratégico. Con estridente eco mediático, la delegación lanza al aire sus directrices.

“El mercado considera necesaria una reforma del sistema de pensiones. Esta reforma es indispensable para salvar el sistema”. Chanito y los Amcham aplauden entusiastas. Guevara repite como loro el discurso. Bayardo se expresa en arameo, un idioma que conoce muy bien. Antes que el FMI y el Banco Mundial envilecieran el lenguaje, la palabra “reforma” era sinónimo de un cambio favorable a los trabajadores. Hoy tiene un significado radicalmente opuesto. ¿Qué significa esta “reforma” de pensiones?

La propuesta de “reforma” FMI–INSS, con la duplicación de la cantidad de cotizaciones, reduciría significativamente el número de trabajadores que acceda a una pensión antes de morir, incluso entre los trabajadores intelectuales. No digamos entre los obreros y trabajadores manuales, cuya vida laboral se caracteriza por incursiones fugaces al mercado laboral con prestaciones y largos retornos a la informalidad precaria. En estas condiciones requerirán trabajar 60 años o más y tal vez, si tienen suerte, podrán aspirar a una pensión antes de que finalice su paso por este mundo. Evidentemente, se trata de una propuesta que viene a profundizar el salvajismo social que inauguró el implante neoliberal desde los años 90, con el gobierno Violeta Chamorro – Toño Lacayo. Y que en el presente gobierno aún tiene poderosos defensores.

“El mercado considera necesaria una reforma fiscal para garantizar la estabilidad macroeconómica”. Diligente, el parlamento multicolor con mayoría sandinista, aprueba una “reforma” fiscal confeccionada a la medida de los mandamientos expresados por los pitonisos del FMI. ¿Qué es lo que garantiza la llamada “reforma” fiscal? a) Que quienes obtienen más ingresos paguen pocos o ningún impuesto (todos los exportadores netos de capital y desacumuladores de nuestra riqueza: los bancos, las transnacionales como Unión Fenosa, las telefónicas Claro y Movistar, las generadoras tradicionales de energía, complejos como Barceló, las maquilas, etc.). b) Que sean los impuestos indirectos y las rentas de los asalariados, empresarios y propietarios medios, la fuente fundamental de la recaudación del fisco. c) Que la sociedad opere con un Estado precario, cercenado de su capacidad de diseño y ejecución estratégica, y de su eficacia en el servicio ciudadano. Con el objeto de asegurar al FMI el pago puntual de la creciente deuda externa e interna.

Este gobierno ha alcanzado coyunturalmente un alto grado de consenso político. Me pregunto, ¿pensará en serio conservarlo rezándole piadosamente al dios mercado?

 

* Científico social.