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Hoy cuando Internet ha sido declarado por Naciones Unidas un derecho humano, precisamente por la relevancia que adquiere para la ciencia, producción de conocimiento y cultura, y sobre todo cuando la llamada sociedad de la información se encuentra en pleno desarrollo, resulta más que necesario volver a los orígenes de Internet, sobre todo por las lecciones aprendidas que se pueden extraer de los orígenes y evolución de esta plataforma de comunicación.

El texto Breve Historia de Internet, más allá de hacer un recorrido histórico sobre los procesos y ensayos que llevó a cabo la comunidad de científicos en Estados Unidos y Europa, debe leerse con claves de comunicación y aprendizaje colegiado. Como concluyen los autores: más allá del aspecto técnico e infraestructura “está el aspecto social, que dio como resultado una amplia comunidad de internautas trabajando juntos para crear y desarrollar la tecnología”.

Se trata de un hito histórico, donde en un contexto de posguerra mundial la sumatoria de conocimiento más allá de los intereses del Mercado y el Estado, primó el interés superior de la sociedad. Por primera vez la comunidad científica tuvo mayor autonomía de investigar pensando en el interés superior de la sociedad, desmarcándose de los intereses del gran capital.

La creación de Internet, por un lado ratifica la necesidad que los Estados destinen más presupuestos para Investigación y Desarrollo y fomenten políticas públicas encaminadas al desarrollo humano, y por otro, les recuerda a las universidades la importancia de invertir estratégicamente en investigación para la producción de conocimiento al servicio de la comunidad.

Volviendo a mirar en retrospectiva los orígenes de Internet desde una perspectiva social, uno puede aprender no sólo de la historia cronológica, sino de la metodología y visión de la comunidad científica. Se pueden corroborar todas las imperfecciones, debilidades y limitaciones que tuvo este proyecto global, y reconocer el trabajo en equipo de cada uno de los ideólogos que sentaron las bases no solo de la infraestructura, sino de su esencia filosófica: para qué serviría el proyecto y cuál sería su contribución para  el diálogo, democracia, cultura, y promoción de valores como diversidad, pluralidad y tolerancia.

En la actual sociedad de la información pareciera innecesario volver al pasado de Internet, sobre todo el señorío de la Web 2.0 y el boom de la generación clic, que se caracteriza más por ver hacia el presente y futuro que mirar hacia el pasado, como ocurrió en el pasado en la sociedad industrial. Scolari señala que a diferencia de la era industrial, con el gran invento de la máquina, las plataformas digitales quemaron rápidamente los procesos históricos pasando de siglo a período más cortos. “A las tecnologías digitales les bastó sólo una generación”, afirma.

¿Por qué es necesario volver a los orígenes de Internet? La historia siempre resulta válida para entender el presente. El contexto histórico es la base del discurso contemporáneo; ignorar ese proceso equivale a tener vacíos y no entender el por qué del presente. No se puede entender el salto de los medios digitales sin comprender la historia de los mass media. Igual ocurre con la Web 2.0: no se puede entender su filosofía sin conocer el proceso de Internet.

Hoy, cuando las redes sociales se encuentran en manos de grandes monopolios, al volver a la historia de Internet se puede constatar que esta plataforma, lejos de ser creada con fines lucrativos, fue pensada para el bien común; inclusive pensada para los que todavía no forman parte de los conectados; por eso conocer la historia de Internet debe ser una materia básica, sobre todo ahora que forma parte de los derechos humanos. 

 

* Comunicólogo.