Por James D. Wolfensohn
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La noción de una división entre el norte rico y el sur pobre y en desarrollo ha sido durante mucho tiempo un concepto central entre los economistas y los estrategas políticos. Desde 1950 hasta 1980, el norte representaba casi el 80% del PBI global pero apenas el 22% de su población, y el sur, el resto de la población global y el 20% del ingreso global.

Pero la división norte-sur hoy es obsoleta. El proceso dinámico de la globalización resultó en niveles sin precedentes de crecimiento e interdependencia. Sin embargo, mientras se ha desdibujado la antigua división, surgieron otras nuevas, fragmentando al mundo de hoy en cuatro grupos interconectados.

El primer grupo abarca a los países adinerados, principalmente Estados Unidos, las naciones europeas, Australia y Japón –con una población combinada de unos 1.000 millones de habitantes e ingresos per capita que oscilan entre 79.000 dólares (Luxemburgo) y 16.000 dólares (República de Corea)-. En los últimos 50 años, estos países pudientes han dominado la economía global, generando el 20% de su producción económica. Sin embargo, en los últimos años, surgió un nuevo conjunto de economías que compite con los países adinerados por el predominio económico.

Estas economías emergentes –llamémoslas los Globalizadores- constituyen un segundo grupo de unos 30 países pobres y de ingresos medios (incluyendo China e India), con tasas de crecimiento del PBI per capita de 3,5% o más, y una población total de 3.200 millones de personas, o aproximadamente el 50% de la población mundial. Estos países experimentaron niveles inéditos de crecimiento económico sostenido que bien puede permitirles reemplazar a los Adinerados como motores de la economía mundial.

Los Globalizadores son un grupo amplio y diverso de países –en tamaño, geografía, cultura e historia- que aprendieron a integrarse de manera óptima con la economía global –e influenciarla- para catalizar su desarrollo.

Un tercer grupo está conformado por unos 50 países de ingresos medios con una población combinada de 1.100 millones de personas. También albergan muchos de los recursos naturales críticos del mundo y poseen aproximadamente el 60% de las reservas de petróleo comprobadas. Pero estos Rentistas no han sido capaces de traducir las rentas de su riqueza en recursos naturales con un crecimiento económico sostenido.

El cuarto grupo abarca a los países que están quedando rezagados –las economías más pobres del mundo, con más de 1.000 millones de habitantes-. Estos países continúan estancándose o decayendo económicamente. Situados principalmente en el Africa subsahariana, estos Rezagados están esencialmente aislados de la economía global y enfrentan desafíos cruciales de desarrollo.

Este mundo emergente de cuatro grupos presenta tres desafíos clave.

Primero, necesitamos incrementar nuestros esfuerzos para asegurar que los Rezagados ya no se queden atrás. Esto requiere de cambios de políticas así como de una ayuda más generosa y más efectiva. Si uno considera la cuestión de los flujos de ayuda, descubre que, aunque la ayuda para el desarrollo aumentó en 2005 a 107.000 millones de dólares, la mayor parte del incremento estuvo enfocado hacia “circunstancias especiales”, como la condonación de la deuda y para Irak y Afganistán. La triste verdad es que la ayuda para el desarrollo destinada a Africa disminuyó de 49 dólares por persona en 1980 a 38 dólares por persona en 2005. Las verdaderas necesidades de desarrollo de los Rezagados y otras partes del mundo no se satisfacen, a pesar de la retórica de aumentar paulatinamente la ayuda.

Segundo, las antiguas potencias necesitan adaptarse al surgimiento de las economías Globalizadoras –especialmente China y la India- reformando nuestro orden internacional. Los Adinerados seguirán siendo los principales jugadores globales, pero a medida que aumente el poder económico relativo de los Globalizadores, demandarán un papel más importante en los asuntos internacionales. La mayoría de los Adinerados parecen no estar preparados para este cambio, pero habrá que darle cabida a este tipo de demandas.

Finalmente, si bien los Globalizadores han sacado a millones de personas de la pobreza y redujeron la desigualdad global, esto no ha resultado en un mundo más equitativo, porque las economías estrella como la India y China están experimentando un incremento de la desigualdad doméstica. Ya sea costero versus tierra adentro o rural versus urbano, estos países deben abordar las crecientes disparidades, porque el alto nivel de desigualdad bien puede amenazar su capacidad para seguir creciendo como lo hicieron hasta ahora.

Si queremos crear un mundo más equitativo, entonces se deben incrementar las palancas tradicionales del desarrollo como el comercio, la inversión, la ayuda y la migración de manera integral y coherente, al mismo tiempo que es necesario reformar las instituciones globales. Esto beneficiaría nuestra capacidad para enfrentar los desafíos globales y mejorar nuestras perspectivas de crear un mundo más equitativo. De lo contrario, deberíamos decirle adiós a las antiguas divisiones del desarrollo sólo para darles la bienvenida a otras nuevas.

James Wolfensohn, ex presidente del Banco Mundial, es presidente de Wolfensohn and Company.

Copyright: Project Syndicate/Europe’s World, 2007.
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