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Los temas partidarios y religiosos se deben abordar con prudencia y sabiduría. El respeto a la creencia o no, de la otra persona, es una de las virtudes del ser humano, más aún si en una misma comunidad, lugar de estudio, trabajo o familia hay distintas formas de pensar.

La Constitución establece en el artículo 14 que el Estado es laico, por lo tanto, ni a la Iglesia Católica Romana, Iglesias protestantes o sectas corresponde tomar protagonismos con apoyo directo de los poderes del Estado. Más allá de lo que se ve en los templos cristianos, en los caseríos y pueblos la disputa por conseguir adeptos es evidente, y al mismo tiempo insano, porque por encima de esas creencias está el amor familiar.

Lo idóneo es que una familia conviva como tal, compartiendo las mismas culturas y tradiciones. No así en los países más pobres, donde esa llamada “necesidad de Dios” desgraciadamente se ha convertido en campo de enfrentamientos físicos y verbales.

Intolerable es que en defensa de una creencia se ofenda a quien no cree, convirtiéndose en un enemigo más; ya no hay familia, sino otros “hermanos”, y cuando sucede un problema son los que menos se acercan al auxilio. En La Curva, León, por ejemplo, hay tres lugares donde se congregan personas con el fin de rendir culto cristiano, a menos de 60 metros de distancia entre ellas. Uno de los que dirigía al grupo recibía estrategias porque se les iban sus seguidores: “hay que hacer cualquier cosa para que regresen y traigan más gente”.

En Las Mojarras, El Jicaral, don Danilo es vecino donde había un culto católico. Ahí hacían falta sillas para los feligreses; creyeron que el hermano Danilo se las podría prestar. Sorpresa: el odio con que respondió no es de una persona que dice predicar un evangelio vivo. Sus ofensas hirieron los sentimientos de una vecindad que siempre le ha visto como vecino tolerante. ¿Quién es tu hermano?, tu vecino más cercano.

Nadie es dueño de la verdad absoluta y que independiente de “la misión” de su grupo denominacional, no todo se puede conseguir por la fuerza, la manipulación y el engaño. No son necesarias las discusiones vanas sobre creencias, vacías de argumentos, que muchas veces responden a situaciones concretas del contexto nacional y que son más de orden político partidario o económico y no religioso.

Todos tenemos derecho a creer en alguien, incluso respetar a aquel que no cree. Debemos convencer o persuadir a alguien para que sea parte del “rebaño”, pero con respeto y tolerancia. Ya dijo el mexicano Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno, es la paz”.

* Comunicador social.