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La dimensión social de la educación ha significado un proceso de descubrimiento para la comunidad científica. Y es que la persona logra completarse como tal, en tanto profundiza su proyección y relación sana con los demás. Tal relación complementaria se logra con mayor efectividad, cuando la educación, sistema organizado, se centra en las personas. Se convierte, así, en el principal laboratorio de interacción social, preparando caminos para una participación ciudadana plena en derechos y deberes.

Esta actividad educativa, en sus dimensiones formal, no formal e informal, conforma un sistema dinamizado por la fuerza que posee la interacción social en sus diversas expresiones. Optimizar esta clave, hace la diferencia en los resultados educativos.

Una clave educativa actual, sumamente apreciada y reconocida por las ciencias cognitivas, es la importancia atribuida a la relación social, dinamizador del aprendizaje. Ello hace que los modelos de aprendizaje de la psicología cognitiva, hoy se vean fortalecidos por tales hallazgos, en cuanto a rol del componente afectivo relacional. Este se entrelaza profundamente con una sana relación entre educandos y docentes.

Ello explica que, buena parte de los problemas de aprendizaje que se presentan en el estudiantado, se relacionen, en lo profundo, con el nivel de aceptación social y afectivo existente entre docentes y estudiantes. Por ello, la comunidad científica ha incorporado, en las últimas décadas, la importancia que tiene para esta relación educativa, la inteligencia emocional, estrechamente entrelazada con dos de las ocho inteligencias múltiples propuestas por Howard Gardner: inteligencia intersubjetiva e inteligencia intrasubjetiva.

Con alguna razón, las empresas, antes que las instituciones educativas, demostraron que la principal clave de éxito para sus negocios es la capacidad que tengan gerentes y trabajadores en cultivar, de forma práctica, la inteligencia emocional con sus clientes. Aunque la educación ha llegado tarde a este encuentro, merece la pena, no sólo incorporar este aporte a sus procesos, sino también imprimir a su práctica una direccionalidad no centrada en generar ganancias, sino en dinamizar más las capacidades humanas en docentes y educandos.

Aquí reside un punto focal indispensable de la relación pedagógica en el centro educativo. Inicia un nuevo curso escolar que requiere de la comunidad educativa, procurar que sus relaciones humanas se desprendan de una práctica adecuada de la inteligencia emocional, marcada por el respeto. Buena parte de la problemática actual de algunos centros educativos reside en la existencia de conflictos internos de relaciones, que afloran y se extienden a la comunidad.

Pretender una acción educativa sana y de calidad con el estudiantado, demanda de directores y docentes modelar actitudes y relaciones sanas y constructivas con todos los actores. La calidad del aprendizaje reside, sobretodo, en la calidad humana de las personas y de sus relaciones sociales.

Vigotsky ha aportado a la pedagogía la importancia del logro de aprendizajes, como fruto de la interacción social cooperativa. Dimensionó la importancia que ha tenido y tiene en la construcción de las capacidades superiores de la persona, su relación social a través del lenguaje, paso previo y necesario para que sus capacidades intrasubjetivas superiores se desarrollen. Pretender en el aula que el aprendizaje personal intrasubjetivo se pueda lograr, sin antes abundar en la relación social y cooperación intersubjetiva por el diálogo entre alumnos y docentes, sería contradecir el comportamiento natural seguido por las facultades superiores humanas.

Este autor, a diferencia de Jean Piaget, plantea una dinámica de aprendizaje mucho más dialéctica y rica, fundada, sobre todo, en la importancia que tiene la interacción social del aprendiz con quienes saben más que él. Para superar la Zona de Desarrollo Real (lo que puede el niño o niña aprender solo), y alcanzar la Zona de Desarrollo Próximo (lo que puede aprender en relación con otros), demanda que la enseñanza en el aula “estire el desarrollo”, no limitándose al criterio piagetiano de sólo enseñar de acuerdo a la etapa de desarrollo cognitivo del sujeto.

Las instituciones educativas del país reconocen, al menos empíricamente, la importancia del aprendizaje cooperativo. No obstante, la manera como docentes universitarios y de otros niveles gestionan el trabajo grupal, dista mucho de lograr los propósitos esperados. Es importante que el mismo se gestione desde una perspectiva de desarrollo de capacidades y no de afianzar el facilismo de la mayoría, a costa del tesonero trabajo de los más estudiosos.

* IDEUCA.