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Era noche del jueves 2 de febrero de 1978, en la ciudad de Rivas. Sus habitantes, acostumbrados a dormir temprano, habían ido a sus camas sin más novedades que la autodisolución de una manifestación que había recorrido las calles del populoso barrio La Puebla, llegando por la antigua calle de El Palenque hasta el atrio del templo San Francisco de Asís. Los organizadores tomaron esta medida al notar un inusual y repentino despliegue militar que incluyó el movimiento de vehículos de la Guardia Nacional (GN) por las principales vías; algo diferente a las anteriores manifestaciones.

Asumieron que se les iba a reprimir de una forma más brutal que en las manifestaciones anteriores. Eran las 9.30 p.m. Lo que ignoraban los mismos organizadores era que, a esa misma hora, escuadras del FSLN al mando de Camilo Ortega Saavedra habían iniciado la toma de Granada a escasos 40 kilómetros de la capital.

El comando compuesto de 23 combatientes atacó el cuartel GN de La Pólvora. Mientras una escuadra mantenía a raya a la GN en el cuartel, otra se encargó de recorrer las calles de la Gran Sultana, lanzando vivas al FSLN, haciendo pintas, hostigando las casas de conocidos somocistas e invitando a la población a sumarse a la lucha contra el somocismo. Los guerrilleros mantuvieron la presión sobre el comando hasta las 12.30, replegándose después hacia sus casas de seguridad.

Pero tampoco los rivenses iban a dormir tranquilos esa noche; a las 2.00 a.m. del día 3, una serie de detonaciones de armas de distinto calibre dieron la señal de que el cuartel GN de Rivas estaba recibiendo lo suyo; escuadras al mando de Edén Pastora y Gaspar García Laviana, desde distintas posiciones, iniciaron el ataque con armas livianas y pesadas, incluidas una bazuca artesanal y una ametralladora calibre 50. Las escuadras mantuvieron sus posiciones y el intenso fuego durante tres horas, retirándose en orden a las 5.00 a.m. hacia las zonas fronterizas con Costa Rica.

En el balance de las operaciones el FSLN las consideró exitosas, porque ocasionaron gran cantidad de bajas aunque sufriendo la pérdida de dos combatientes. Mantuvieron al enemigo a la defensiva en posiciones fijas, mientras los comandos se desplazaron libremente, realizando propaganda entre la población.

Las retiradas se produjeron en completo orden, sin sufrir bajas considerables. Las tomas de Rivas y Granada en 1978 -combinadas con el ataque a un campamento anti guerrillero en el Norte- se dieron en un momento álgido de las movilizaciones populares en todo el país; cuando la cúpula empresarial llamaba a la población a terminar la huelga general, que demandaba la salida de Somoza tras el asesinato del Dr. Pedro Joaquín Chamorro.

Con estas acciones se reafirmó que la única forma de acabar con la dictadura era a través de la lucha armada, pero a la vez se sentaron las bases para la combinación de todas las formas de lucha. Un ejemplo fue la insurrección de Monimbó, que se extendió a toda Masaya el día 4, cuando miles de manifestantes se desplegaron por toda la ciudad incendiando cantones electorales, edificios gubernamentales, boicoteando transportes, etcétera

Esta insurrección, que merece un estudio aparte, es un vivo ejemplo de la importancia catalizadora que tuvieron las acciones de febrero de 1978. No obstante, a diferencia de otras experiencias en la lucha antisomocista y sandinista, los estudios sobre el particular son dispersos, no se ha hecho hasta ahora, a 35 años de ocurridos los hechos, un listado completo y veraz de sus protagonistas y las incidencias específicas de los mismos; lo que lanza un reto a los estudiosos de nuestra historia contemporánea.

 

* Historiador. Programa Cultural del BCN.