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Meritorio, sin duda, fue el esfuerzo de María Manuela Sacasa de Prego en su obra recopilatoria: Antología de la poesía de León (2012). Ciento trece liridas suman las voces leonesas allí recogidas. Respetable es dicha cantidad, pero aun resulta corta si se toma en cuenta que León ha sido la ciudad nicaragüense más proclive a la versificación desde el siglo XIX hasta hoy.

Por ejemplo, el primer poeta de Nicaragua con libro editado fue el leonés Francisco Quiñones Sunsín (1782-1860), autor también del más antiguo soneto conocido, por cierto dedicado a Rafael Agustín Ayesta (1750-1809), personalidad cimera de la cultura leonesa en el XVIII.

Otro ejemplo significativo es el hecho de que la primera muestra antológica de las letras nacionales del siglo XX, aparecida en 1904, se debe a Mariano Barreto (1850-1927), chichigalpino de nacimiento pero formado en León, donde vivió y publicó sus obras. Once poetas leoneses figuran en ese florilegio.

Una cantidad superior representan a León en el Parnaso nicaragüense (1912), publicado en Barcelona; en la antología de Leonardo Montalbán (1919), en la de Juan Felipe Toruño (1923) –exactamente 22– y en la de Jerónimo Aguilar Cortés (1925). En la de éste casi todos los antologados son vecinos del Pochote. No en vano siete de los textos escogidos fueron premiados en los Juegos Florales de la ciudad en 1906, 1907, 1908, 1913, 1914 y 1917.

De haber consultado y aprovechado María Manuela estas fuentes imprescindibles, tendríamos una obra muy distinta, es decir, una recopilación menos caprichosa y de mayor calidad. Y si la Editorial Universitaria de la UNAN-León hubiera puesto el máximo empeño en su edición, no comprobaría los terribles descuidos y horrores tipográficos que pululan en ella.

Entre otras distorsiones, se le atribuye a Manuel Tijerino (1885-1936) el soneto “Muy pronto moriré…” de Rosa Umaña Espinoza (1872-1924), al soneto “Mi alcohol” de Salvador Sacasa Sacasa se le suprime un terceto, el nombre de pila de Atanasio García Espinosa (1886–1838) se modifica por “Anastasio” y la expresión dariana “Si pequeña es la patria…”, se adultera por “Si la patria es pequeña”. Por lo demás, la mayoría de los 113 incluidos no llegaron a publicar poemarios.

Cuarenta y seis de ellos nacieron en el siglo antepasado y los restantes en el XX. Veintiséis “pulsadoras de la lira”, incluyendo a la autora, son mujeres. A saber: María Luisa Barreto Fernández, Yelba Clarissa Berríos Molieri, Ángela Rubí de Buitrago Hernández, Bertha Buitrado, Mariana Sansón de Buitrado, María Lourdes Centeno, Haidée Salazar de Delgadillo, Aída Sacasa viuda de Herdocia, Vida Mercedes Icaza Jiménez, Albertina Matta de Landero (1918-2012), Nila Jiménez de Orozco, Cony Pacheco, Josefina Paguaga de Pérez Alonso, Erika de Jesús Picado, Alicia Prado Sacasa, Mercedes Prado Sacasa, Belkis Corrales de Peralta, María Manuela Sacasa de Prego, Ana Carolina Reyes Aróstegui, Gina Sacasa Ross, Juanita Sacasa (1917-1978), María Elena Salina Zepeda, María de la Selva, Milagros Terán, Rosa Umaña Espinoza y Annie Valladares Sáenz. Desde luego, faltan algunas pocas conocidas como Blanca Valle, o de mayor trayectoria como María Teresa Sánchez (nacida en León en 1918) y una joven muy notoria, autora de un reciente poemario sobre los huesos de su abuelo.

Con todo, reconozco la voluntad persistente de la tesonera promotora cultural que es María Manuela, al igual que su audacia de asumir la responsabilidad de ofrecer lo mejor, en materia de poesía, de la “Atenas centroamericana”.

 

*Escritor e historiador.