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En 1884 invitaron al poeta Rubén Darío para que visitara Masaya, ciudad rica en tradiciones, cuna de un pueblo admirable, escenario de acontecimientos perennes. Sin pulir el diamante literario fue acogido en el jardín florido y ya luminoso por la cultura universal, el príncipe de las letras castellanas. Posó sus sandalias en el tapete florido, calles empedradas, polvosas, gente descalza, traje humilde, sombrero de palma, reverentes al “Rey del Arte”.

Viajando en diligencia halada por seis corceles, Darío cubrió la distancia por la vía natural que entonces pasaba por Nindirí y seguía el camino nativo, llamado de las diligencias, y durante la colonia “Camino del Rey”; el carruaje ingresó a la urbe y en el parque César lo recibieron sus amigos. Lo hospedaron en el Hotel Azcárate, colindante con la residencia del poeta Manuel Maldonado Pastrana. Lo llevaron a la boda de Elena Cabezas Figueroa con Claudio Rosales. Darío brindó su oda “A Elena”.

Apoteosis al poeta universal, en su segunda visita el presidente José Santos Zelaya López ordenó que contribuyeran dando la bienvenida al “señor de la Poesía”. Se movilizaron amigos de infancia, literatos, periodistas, médicos, juristas, maestros, gente de talleres; el júbilo cundió en la población. Destacaban personalidades: Manuel Maldonado, Hildebrando Castellón, Francisco Huezo, Francisco Castro, Pedro González, Rodolfo Espinoza R., Santiago

Argüello, Mariano Barreto, Alfonso Ayón, los estudiantes Salvador Ruiz Morales, Jorge Obando Ruiz, Humberto Barahona, Aurelio Selva, Andrés Largaespada y otros.

Huésped de honor de Nicaragua fue declarado por el gobierno. En Managua lo recibieron Benjamín Zeledón Rodríguez, síndico municipal, y Manuel Maldonado Pastrana, congresista representando al presidente.

Invitado por amigos de la “Ciudad de artistas”, llamada así por Edelberto Torres Espinoza; el seis de diciembre viajó en ferrocarril; la gente colmó alrededores de la estación. Las campanas tañeron alegría. El comité de recepción con la comunidad arreglaron viviendas, regando calles; embellecieron el trayecto hacia el Club Social, allí estaba lo granado de Masaya.

Tez blanca, cabello rubio, de ojos verdes, Anita Alemán Bolaños encabezaba a las familias Bermúdez, Rosales, García, Ortega, Abaunza, Corrales, Vega y otras, que engalanaron el acto. Amenizaba la orquesta de Alejandro Vega Matus; don Manuel Muñoz representando la municipalidad leyó la bienvenida al huésped de honor. Darío, sólo dijo: “¡Muchas gracias!”.

El agasajo continuó en el Hotel Azcárate. El siete, en un tren en cuyos vagones competían belleza con damas y flores; el recorrido fue el ramal de los pueblos, visitando Jinotepe, Diriamba, Masatepe, Niquinohomo y Catarina. En Namotiva fue la recepción inolvidable, Darío pernoctó en “Quinta Saratoga”, cercana a entrada del túnel ferroviario de Catarina.

Acompañado por Alejandro Bermúdez, Augusto Flores Z. y otros, Rubén retornó a Managua. En Masaya la gente conversaba asombrada y cariñosa por Rubén Darío. Recordaban la primera visita y comentaban el poema que brindó a Elena Cabezas Figueroa y el dedicado a Masaya. Pero aquella aureola de felicidad sufrió un impacto el día siete de febrero: los masayas se enteraron que el poeta universal había dejado de pensar. El duelo cubrió la pasión del pueblo. Muchas familias tristes lloraron al amigo.

La municipalidad decretó homenaje al poeta Darío, firmaron: el Alcalde don Luis Felipe C., Ramón Ortega, Leopoldo Solano, Ramón Alegría, regidores y el síndico Miguel Carrión.

Con consideraciones de deberes morales y ante el impacto a la conciencia del pueblo, la municipalidad acordó duelo durante diez días; mantener a media asta el pabellón patrio, enviar un símbolo de Arte, ofrendas florales y delegación que integraron los doctores Antonio Flores Vega, Ernesto Astasio, Tomás Gutiérrez, José Francisco Aguilar y Gustavo A. Prado.

El Diario de Masaya” publicó la noticia: “Un vagón lleno de flores pasó ayer en el tren de la mañana como ofrenda de Masaya; no menos de cien coronas hermosas, unas enviadas por las municipalidades de las ciudades y pueblos de oriente y del sur, y otras por particulares admiradores del ilustre fallecido”.

José Santos Rivera, educador y dariano, refirió al periplo de Darío en Masaya y ante el homenaje que le tributaba el pueblo escribió así: “Después de Metapa, cuna de Rubén, después de León que lo vio crecer y morir, ninguna otra ciudad, ningún otro pueblo de Nicaragua estuvo tan cerca del corazón de Rubén Darío, ninguno le dio alegrías y satisfacciones gratas a su espíritu como este pueblo de Masaya, que supo recibirlo como Rey del arte, que supo brindarle amor de patria, calor de terruño, alegría sincera y devota, que sólo una cuna de artistas sabe dar de manera efectiva y cordial”.

 

armando.nurinda@hotmail.es