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Observando a tres nóveles estudiantes hacer sus tareas escolares noté que contestaban cuestionarios sobre nuestro inolvidable poeta nicaragüense Rubén Darío, con motivo de la “Jornada Dariana” 2013. Dos de estos jóvenes, casi niños, llevaban a la fecha estudios intermedios de educación secundaria y, finalmente, una niña cursaba educación primaria en grado avanzado, todo esto en colegios importantes de Managua.

Interesado por saber cómo se percibe en la actualidad la vida y obra del poeta en las aulas de clase a las que ellos asisten y, para ver si ayudaba un poco en sus deberes académicos, les pregunté: ¿Quién es para ustedes Rubén Darío? La respuesta unánime me dejó triste, muy tristemente, pues toda una vida de grandeza literaria fue reducida por estos alumnos a la siguiente frase: “Darío fue un poeta borracho, vagabundo y mujeriego”.

Sorprendido quise averiguar a fondo y me atreví a interrogar de nuevo: ¿Quién les dijo eso? a lo que ellos respondieron con naturalidad que sus compañeros de clase afirmaban estas cosas de Darío y que, aunque todavía me cuesta creerlo, fueron sus propias maestras quienes expresaron juicios de este tipo, durante las charlas dictadas en conmemoración al insigne poeta; opiniones que sin duda anclaron una figuración sesgada de Darío en las mentes de estos jóvenes.

Si bien es cierto que el poeta apreció la bohemia y el amor de las mujeres, éstos no deberían ser los rasgos sobresalientes del genio literario nacional entre las representaciones sociales de nuestra juventud, ni en las de nuestros educadores, quienes tienen a su cargo la enorme tarea de fortalecer la identidad nacional.

Lejos quedó en las respuestas de los estudiantes mencionar obras como Azul, Prosas Profanas, Cantos de Vida y Esperanza, o bien poemas famosos e innovadores traducidos a diversos idiomas en el mundo entero, como El Coloquio de los Centauros, Lo Fatal o la Oda a Roosevelt. Menos aún se mencionó al periodista del diario “La Nación” de Argentina, ni el aporte determinante de Rubén en la poesía contemporánea universal.

Es obvio que esta experiencia no es representativa de la forma en que estudian a Darío en todos los colegios de Nicaragua, pero podría ser este el asomo de una situación educativa dramática que no conocemos y que da miedo sospechar.

 

Villa Don Bosco 327.