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El hombre desde la antigüedad se ha valido del don de la palabra para manipular a sus congéneres. Hasta hoy nadie ha podido indicar cuando aparecieron los primeros sonidos que dieron pase al lenguaje. La palabra posibilitó la comunicación entre los seres humanos, dando la organización del trabajo, producción, construcción de ciudades, etc. Sin la palabra toda la sociedad sería un caos. Una torre de babel.

La palabra oral siempre ha tenido un enorme influjo en las personas. Cuando aún no se había desarrollado la escritura, cuando el lenguaje se escribía en piedras, en papiros, la forma de comunicación era la palabra, en esos tiempos los hombres por antonomasia usaban la oratoria; el discurso; la retorica; existían escuelas, donde se enseñaba técnicas para hablar; posiciones físicas, movimiento de las manos. A través de la palabra los filósofos daban a conocer sus ideas, concepciones políticas y sociales. Algunos por medio del discurso cuestionaban el modelo, luchaban por cambiar el sistema, promovían la emancipación social.

La historia registra el papel que ha jugado la palabra. Paradigmático fue Sócrates (470-399 a.C.). El sabio de la antigua Grecia enseñaba por medio de la palabra, nunca escribió sus discursos; los diálogos de Sócrates fueron escritos por su discípulo Platón.

Pero la historia registra una que otra excepción, como el caso de Moisés; siendo el ungido para emancipar al pueblo de Israel de la esclavitud, no tenía el don de la palabra, no era un orador, tenía deficiencias, por ello nombró como su vocero a Aarón.

Otro orador extraordinario fue Jesucristo. Con sus mensajes de amor, fraternidad, vida eterna, logró hipnotizar a sus seguidores y convencerlos que después de esta vida había otra mejor, pero para alcanzarla había que sacrificar la actual y esperar el premio en el paraíso donde vive el Dios Padre.

Otro que tuvo el don de la palabra fue Adolf Hitler. En su juventud se convirtió en un ratón de biblioteca; se compenetró mediante el estudio de la enorme influencia que tuvo en la antigüedad el uso de la palabra; estudió la sicología de masas, era un perfecto demagogo; tenía una excelente voz; se ponía ante un espejo para practicar su actuación en los actos políticos; aprendió cómo debía levantar las manos, el tono que debía darle a la voz, cuándo hacer una pausa y cuándo entonar con fuerza. Hacía vibrar a las masas. Lo veían como un Zeus del Olimpo.

Otro orador excepcional fue Fidel Castro Ruz. El líder de la revolución cubana, desde su época de estudiante de derecho mostró dotes retóricos para dominar a las masas. En el discurso que dio en 1953 ante el Tribunal que lo juzgaba por traición, expresó: “La historia me absolverá”. Como orador, tenía la capacidad para hablar dos y tres horas sin parar y sin perder la secuencia del tema y el hilo conductor en lo económico, político y social.

Son muy pocas las personas que tienen la capacidad para no caer en las redes de quien tiene el don de la palabra, por lo general la mayoría cae en la trampa y sigue en forma ciega al líder sin medir las consecuencias que tendrá el fanatismo para la sociedad, aun cuando el orador es un consagrado manipulador de los más caros sentimientos de las masas.

Por lo expuesto, no tiene nada de extraño que la Iglesia, tanto protestante como católica, a pastores y sacerdotes les asigne en su preparación la materia de oratoria. Si usted quiere identificar a un falso profeta, lo que tiene que hacer es confrontar lo que dice con lo que hace.

 

* Abogado y notario.