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En Asia, las últimas semanas de 2012 estuvieron marcadas por una serie de sucesos que podrían señalar el rumbo de la región en los próximos meses, una zona prioritaria para el presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

La prueba: un misil de largo alcance en Corea del Norte, sorprendió a Occidente y a sus aliados en la región. Con el éxito del lanzamiento de un cohete a mediados de diciembre, envió un subliminal mensaje a Seúl.

Es una forma de presionar a Washington para retomar las negociaciones en pos de un acuerdo global (energía y alimentos); lo que algunos definen como el uso táctico de la energía nuclear. El líder de la República Popular Democrática de Corea (RPDC) en su mensaje de Año Nuevo pidió el fin de la confrontación entre ambas Coreas.

En las elecciones presidenciales de Corea del Sur, el triunfo de la conservadora Park Geun-hye, derrotó al candidato de centro izquierda Moon Jae-in (51,6% por 47,9%). La escasa diferencia entre ambos contendientes muestra una radiografía de la profunda fragmentación política que desde hace tiempo vive el país, aunándole las grandes divisiones generacionales y regionales.

Resurgirán los retos de afrontar la cuestión económica (en el centro de la campaña electoral), el progresivo y acelerado desempleo, aumento de desigualdades socio-económicas fruto del vertiginoso crecimiento, que ha llevado a una mayor injusticia social.

Una sociedad cada vez más envejecida y con tasa de natalidad muy baja. Tal estancamiento demográfico está acompañándose por el aumento de la población inmigrante (en su mayoría asiática), que puede poner en duda ciertos valores de la antes homogénea Corea. El deterioro medioambiental, engendrado por el acelerado crecimiento de todos estos años, compromete el futuro del país.

Japón eligió un nuevo Parlamento, el triunfador Partido Liberal Democrático, retorna con una holgada mayoría parlamentaria, lo que junto a los votos de su aliado Partido Nuevo Komeito, le asegura un amplio margen de maniobra para afrontar la agenda que promueve Shinzo Abe, nuevo primer ministro japonés.

Su nueva agenda incluye mantener la alianza con Estados Unidos como eje central de su política, y, por ende, priorizar el cumplimiento de sus obligaciones; la revisión de la Constitución de 1947 para convertir a las actuales Fuerzas de Autodefensa en un Ejército Nacional (Kokubogun), abriendo la puerta a la participación en operaciones en el extranjero.

Abe apuesta por el impulso de las lecturas chauvinistas, proponiendo el establecimiento del día nacional de Takeshima, (reforzando la demanda japonesa de la isla que Corea del Sur conoce como Dokdo), y adoptar una férrea postura hacia China, insistiendo en que no hay margen de negociación sobre el asunto del conflictivo reclame a las islas Senkaku/Diaoyu.

Igualmente, propone una reforma educativa impulsando el sentimiento nacional japonés y, sobre todo, rechaza las acusaciones contra Japón en torno a crímenes de guerra en la II Guerra Mundial y el uso de mujeres como esclavas sexuales. Medidas que auguran grandes tensiones con los vecinos.

Otro aspecto relevante es el impulso que nuevamente quiere dar al uso de la energía nuclear. Mientras que los movimientos contrarios a las centrales nucleares ha aumentado, sobre todo a raíz de Fukushima (las mayores de los últimos años en vísperas electorales), la labor del lobby nuclear logra contrarrestarlas y realinear a la clase política nipona a su favor.

Al amparo de la política de Abe y su partido se produce un auge de ultraconservadoras y populistas tendencias. El descontento con las élites políticas tradicionales promueve formaciones como el derechista Partido de la Restauración de Japón, convertido en el tercero más votado, con 54 escaños.

En este partido, convergen dos figuras: Toru Hashimoto, el populista alcalde de Osaka (tiene importantes vínculos con el propio Abe), y Shintaro Ishihara, ex gobernador de Tokio, ultraderechista y anticomunista; cuya plataforma armoniza, un apasionado nacionalismo, una economía neoliberal y profunda, revisión del sistema político.

Japón gasta cerca del 1% del PIB en su defensa y que no puede defenderse con sus propias fuerzas. Por eso es inevitable la demostración de poder militar por parte de Estados Unidos, como aliado de Japón.

Existe poca posibilidad de un conflicto militar entre China y Estados Unidos. En tanto China está dispuesta a jugar recio con Japón, es poco creíble que esté preparada para hacer lo mismo con Estados Unidos.

¿Será que en Japón se está gestando una nueva «troika» entre Abe, Hashimoto e Ishihara, tendiente a condicionar el futuro del país y de la región?

 

* Abogada y notaria pública.