Msc. Renata Rodrigues*
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Escoger en qué  universidad estudiar es una  decisión muy importante en la vida de los jóvenes.  Su formación y su futuro profesional  están en juego. Para lograr éxito en la selección es imprescindible definir con claridad los criterios para hacerlo: uno de ellos es la calidad. Cabe preguntarse entonces, ¿qué características tiene una universidad de calidad? He aquí algunas pautas para identificar los rasgos principales de una universidad que asume el compromiso de formar integralmente y con calidad.
 
Una universidad debe de contar con una misión y visión que responda a las necesidades de formación e investigación del país. Su proyecto educativo  y curricular deben potenciar los talentos de sus estudiantes y profesores, lo que significa formar al estudiante en todas sus dimensiones, para desarrollar así profesionales capaces, con extraordinarias cualidades humanas y profundo sentido ético. Debe también impulsar el espíritu emprendedor, lo cual  no  debe ser reducido a la capacidad de hacer negocios. Un verdadero emprendedor es una persona capaz de superar las dificultades y buscar alternativas para las situaciones más difíciles y complejas.

Una excelente formación profesional, hoy en día, implica facilitar una serie de recursos necesarios para potenciar un aprendizaje significativo.

Algunos de ellos son: laboratorios que permitan a los estudiantes  aprender a través de procesos de experimentación y simulaciones; aulas que cuenten con los medios audiovisuales adecuados para el aprendizaje; giras de campo donde los estudiantes tengan la oportunidad de conocer de cerca a empresas, instituciones, regiones naturales  y turísticas del país, etc., todo esto sumado a una consistente formación teórico-práctica; prácticas preprofesionales que contribuyan a propiciar un espacio dirigido y supervisado de ejercicio de la profesión; uso adecuado de las nuevas tecnologías de comunicación e información como herramienta didáctica y educativa, que les permita ir más allá del espacio de los aulas para profundizar en su aprendizaje.

Una excelente formación humana implica propiciar espacios de crecimiento humano, a través de talleres dirigidos por un equipo especializado en jóvenes, que conoce sus necesidades y su cultura, brindar a los jóvenes opciones de participación  en programas de apoyo solidario a los más necesitados de la sociedad, como son los niños, niñas y adultos mayores. Todo esto sería insuficiente, si el plan de estudio de las diversas carreras no contara con asignaturas que profundicen en el ámbito humano y social, como ética, filosofía social, entre otras. Las prácticas profesionales, en muchas carreras, son, a la vez, espacios privilegiados de aprendizaje y de servicio a los más necesitados.

Se pretende formar a un profesional que enfrente su entorno más cercano, sin perder de vista los problemas más globales. Una persona capaz de analizar las situaciones con actitud crítica y propositiva, bien informada y comprometida con una sociedad más justa y equitativa.

El mundo cambiante en que vivimos exige que seamos personas y profesionales versátiles, capaces de seguir aprendiendo durante toda la vida. Por lo tanto, es de vital importancia promover estudiantes autónomos, capaces de autoevaluarse para aprender cada vez más y  mejor. La autonomía del estudiante es un proceso gradual, que se logra acompañándolo adecuadamente desde el inicio de su formación.

Es deber de una universidad crear mecanismos para promover la adaptación e integración efectiva de los estudiantes de nuevo ingreso al mundo universitario.

Las estrategias deben ser varias y complementarias, como el acompañamiento de un profesor guía, programas de apoyo académico, tutorías, etc. Este esfuerzo debe ser sistemático e involucrar al cuerpo docente y al equipo académico directivo.

Las actividades extracurriculares complementan la formación profesional e integral de los alumnos. Conferencias, talleres, oportunidad de realización de pasantías en instituciones y empresas, grupos de jóvenes emprendedores, grupos culturales y equipos deportivos, son espacios fundamentales para que los estudiantes puedan desarrollar sus talentos, en un ambiente sano, creativo y productivo. No se puede ser un profesional capaz, salvo que despliegue sus cualidades humanas de manera plena.

Condición indispensable para lograr una excelente formación profesional y humana es la calidad de los docentes de una institución educativa; son un pilar fundamental del proceso de aprendizaje y enseñanza: profesores con experiencia en su ámbito profesional, con competencias pedagógicas para enseñar y educar, y con estudios académicos en grados superiores.

Toda buena universidad cuenta con un plan sostenido de capacitación permanente de sus profesores, promueve la innovación pedagógica y una sostenida actualización en sus ámbitos profesionales, a través de la investigación, de los estudios de maestría y doctorado, de cursos, talleres, conferencias e intercambios académicos con otras universidades.

Todos sabemos que la universidad tiene como una de sus funciones fundamentales la producción de conocimientos, es decir, el desarrollo de la investigación para contribuir a dar respuestas a los distintos problemas de la sociedad y al desarrollo de la ciencia. El reto es mayor en la medida en que se plantea una integración entre el quehacer docente, investigativo y de proyección o servicio social.

Una universidad que investiga es una universidad que está actualizada en los avances de la ciencia y de la tecnología, y por ende, enriquece la docencia, pues el eje de referencia de la formación debe de ser la realidad. Genera, así, una relación virtuosa entre docencia e investigación.

Una excelente universidad debe preocuparse por mejorar continuamente su quehacer. Por lo tanto, debe estar ocupada en evaluarse periódicamente a través de indicadores internacionales de calidad, debe integrarse en procesos de acreditación, que den garantía de  su buen desempeño como institución superior.

En este mundo globalizado en que vivimos, es imperante trabajar para el desarrollo académico de manera colaborativa, realizando proyectos que cuenten con la participación de distintas universidades, con quienes se pueda compartir saberes, experiencias, recursos y talentos humanos.

En el marco de la cooperación internacional, vale la pena destacar la importancia que cobran cada vez más los intercambios estudiantiles, pues generan un valor agregado a la formación,

permitiendo que los estudiantes convivan en otra cultura, con jóvenes universitarios de otros países. Por último, y no menos importante, es la promoción del continuo educativo. Una universidad de calidad ofrece a sus egresados opciones de especialización en áreas afines a su ámbito profesional, además de programas de maestría y de formación continua.

Todos los criterios expuestos deben ser considerados indicadores fundamentales a tomar en cuenta al  momento de elegir y valorar la calidad de una universidad que responda al gran reto de formar los profesionales del siglo XXI. La calidad es un componente imprescindible del proceso universitario.

No necesitamos más profesionales, necesitamos profesionales de calidad.
 
*Vicerrectora Académica de la UCA 

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