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En el programa de gobierno de Fabio Gadea Mantilla, “Un gobierno para todos”, en el campo de la salud se planteaban, entre otras medidas, dos fundamentales: extender el acceso al agua potable y empezar un gran programa nacional de desecho seguro de la basura, sobre todo en Managua que es, en sí misma y en sus carreteras de acceso, un generalizado basurero.

Desde luego, si más y más nicaragüenses tuviesen agua de calidad, el perfil sanitario de la población mejoraría notablemente. Y si los focos de contaminación e insalubridad que significan nuestros cauces, calles, carreteras, predios, ríos y lagos, convertidos en verdaderos basureros, disminuyeran y desaparecieran, ¡cuánto mejor! Menos enfermedades evitables, y más recursos liberados para atender las enfermedades que no responden a esos factores ambientales.

Bienvenido entonces que el gobierno, como se ha hecho público, se comience a preocupar por el tema de la basura con la campaña “Vivir Bonito”. De entrada hay un saldo positivo: desde el gobierno se comienza a prestar atención -¡al fin!- a un tema de la vida diaria que nos afecta a todos, pero sobre todo a los pobres, porque una enfermedad evitable a causa de la basura, como una diarrea, cuesta muchísimo más a un pobre, como porcentaje de su ingreso y de su tiempo, que a quién no lo es.

No se discute el fuerte impacto comunicacional que tiene el nombre de la campaña: “Vivir Bonito”. Y ojalá que más allá del impacto comunicacional, efectivamente se comience a solucionar el problema de la basura. No es necesario ser un país desarrollado para ser un país limpio. Recientemente tuve la oportunidad de estar en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, y me sorprendió la limpieza de la ciudad. El Director de una Radio me comentó, mientras me entrevistaba, que la limpieza se debía a que a cargo de la recolección de la basura estaba una empresa muy eficiente. No, le repliqué, se puede tener la mayor capacidad de recolección del mundo, pero si no se cambia la cultura de la sociedad, y las personas, las empresas y las instituciones como escuelas, cuarteles, ministerios, siguen ensuciando, la basura seguirá acumulándose.

Pero preocupan algunas cuestiones de la recién iniciada campaña “Vivir Bonito”. La que más preocupa, según se deduce de las líneas estratégicas trazadas por el gobierno en cuanto a los pomposamente llamados “Gabinetes de Familia, Salud y Vida”, es que los mismos son una reinvención de los Consejos del Poder Ciudadano (CPC), pero ahora con facultades, que se pretenden plasmar en el Código de la Familia, de inmiscuirse hasta en la vida privada de las personas y las familias.

Se puede desencadenar una peligrosa dinámica totalitaria en la cual ningún aspecto de la vida personal y familiar quede fuera del control político disfrazado de control social. De la encomiable acción participativa y comunitaria de un barrio, por ejemplo para remover la basura, organizar los deportes, mantener espacios públicos de recreación, se pretende llegar hasta la intimidad de la celebración de los cumpleaños de los vecinos. De ahí a que las naturales e inevitables diferencias y conflictos familiares, y entre parejas, se traten de ventilar a través de esos “Gabinetes de Familia, Salud y Vida”, hay solamente un paso.

Cuando la necesaria promoción de la participación ciudadana en la solución de los problemas de la comunidad invade los ámbitos de la vida privada, deja de ser participación ciudadana y se convierte en una suerte de colectivización de la sociedad. Y no es eso lo que los nicaragüenses queremos.