Luis Rocha
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“Xavier Chamorro –decía el de Managua– hace  muchos años gustaba de contar un chiste de índole sicológico, que al final acababa por reflejar la personalidad del personaje. Resulta que un cliente acudió a su abogado para solicitarle gestionara su divorcio. ¿Y por qué se va a divorciar?, le preguntó su abogado. Porque mi mujer es una hijueputa, le contesto indignado el cliente, como si su argumento fuera el más irrebatible del mundo. Pero al poco tiempo, y así sucesivamente en tres ocasiones, regresó el cliente donde su abogado para gestionar sus constantes divorcios, siempre con el argumento de que su mujer de turno era lo mismo que la primera. Aburrido de legalizar tantos divorcios, en la última ocasión que su cliente acudió para lo mismo, el abogado le preguntó: ¿Y no será que el hijueputa sos vos?” Todos los caminantes rieron y el de Managua continuó: “Así está el Rey Daniel con los traidores y reaccionarios por tandas.”

La moraleja fue celebrada por todos y Caresol dijo: “Efectivamente, todos recordamos que hubo una primera tanda de traidores, y después otra que, solidaria con Daniel, estigmatizó a la primera, y por último la más reciente, que en su oportunidad había estigmatizado a las dos primeras. Resulta que, como diría Vidaluz Meneses, entre las tres tandas hacemos todo lo que fue el verdadero Frente Sandinista que traicionaron, y eso sí es verdad, los monarcas de turno. Como dice Dora María Téllez, ya la palabra traidor ha perdido significado peyorativo, y en boca del Rey o la Reina asumido su nuevo significado: Patriota y Sandinista.” A pesar de continuar profundamente abatido por la muerte de Sherlock, Watson se atrevió a preguntar: “¿Y cuándo fue que dijo algo tan bueno la Dora María?” A lo que Caresol, muy orondo, respondió: “Si no lo dijo, lo pensó, que es lo mismo. Y si todo esto se quiere relacionar, como efectivamente lo está, con lo que contaba Xavier Chamorro, la pregunta que habría que hacerle a Daniel ahora sería: ¿Y no será que el traidor sos vos?”

Como se hizo un silencio cómplice a la vez que temeroso, Enrique Alvarado terció: “A estas alturas del campeonato esa ya no debe de ser una interrogación sino una afirmación y categórica. Felizmente, como se dijo la semana pasada, no podemos ser a imagen y semejanza de la Reina, y tampoco del Rey, aunque éste internacionalmente, en Chile o en la ONU o donde sea, lucha por parecer a imagen y semejanza de Chávez, así como la Reina se maquilla con sus ya únicamente partidarios CPC, para parecer a imagen y semejanza de Evita Perón.” Volvió a intervenir Caresol: “Para ellos el poder es un pastel: El baño le toca al Rey y el relleno a la Reina, al menos en apariencia para que algunos crean que el Rey está tan ocupado como estadista del mundo, que no puede evitar a lo interno los desmanes de la Reina. Mientras tanto, la Corte Celestial hace sus agostos en la Secretaría del Reino. Cuando pienso en estas cosas, creo que en buena hora se nos fue Sherlock.”

Nuevamente se impuso el luto como un manto sobre los caminantes, permanentemente apesarados por la irreparable pérdida. Todos, con nuestro repentino silencio, parecíamos estar dando por un hecho que a pesar de todo Sherlock siempre continuaría caminando y platicando con nosotros. Fui yo quien quiso hablar sobre el Día de Muertos en México: “Tan diferente al actual Día de Muertos en Nicaragua, donde gracias a la monarquía muchos vivos deseamos que en otro país nos acojan quienes nos han precedido y nos den el Pan de Vivo que aquí no nos dan, porque aquí la muerte putrefacta construye su macabro andamiaje sobre tumbas de héroes y mártires que ven como otra dictadura emerge, burlándose de cuantos un día prefirieron morir de pie que vivir de rodillas, que es el nuevo estado de vida que se nos está imponiendo.  En México, la celebración de Todos los Santos y los Fieles Difuntos, 1 y 2 de noviembre, se ha mezclado con la celebración del Día de Muertos que los nahuas, también nuestros antepasados, celebran desde tiempos prehispánicos. Sincretismo cultural que reafirma que la celebración del Día de Muertos es una celebración a la memoria durante la que los muertos regresan a casa a compartir gustos culinarios y la alegría del reencuentro con sus deudos, así como el típico Pan de Muerto.”

“Regresan las almas –concluía el de Managua– a convivir felices con sus familiares, y por ello no existe un temor por los muertos. Es algo único: se representa y se manosea a la muerte de mil maneras y con humor, igual al cariño que se les profesa a los muertos que llegan por encima de sus osamentas. Esta celebración, se podría decir, da vida a la muerte, mientras en Nicaragua se está dando muerte a la vida. A mí, que nací el Día de Muertos, mis compañeros me celebraron mi cumpleaños, y tuvo esta connotación de trascender hacia el infinito. Porque quizás lo principal de estas celebraciones sea la conciencia de que mañana los muertos seremos nosotros y no queremos que nos olviden nuestros vivos.”

luisrochaurtecho@yahoo.com

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