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Sorprende la resistencia física que nuestras bellas han mostrado en las romerías que, en aras del figureo, realizan por diferentes medios de comunicación, empresas y fábricas, acaparando los cachivaches y productos que les obsequian los dueños de esos planteles que se refocilan con su visita.

No deja de causar asombro el alto nivel de “glamour” que han logrado estas féminas, que –para decir algo-, conceden entrevistas a los periodistas para decir lo mismo de lo mismo, privilegio del que no gozan todos los nicaragüenses, salvo que sean políticos, monseñores o elementos de la plaga de “especialistas” y “expertos” que todos los días salen a lucirse en nuestro mediocre club social mediático.

Las aspirantes a mises han logrado ocupar el más destacado lugar en nuestros diarios y constituyen un adorno permanente de las primeras planas y de las secciones de “Vida” y “Variedades” de los diarios, donde se exalta el dulce encanto de la sonsera, lo insustancial y prosaico de ciertas pláticas, la necia vanidad, la ramplonería, lo efímero y lo trivial. Cabe decir que la página “Vida” nunca hace honor a la de los héroes cotidianos de nuestro pueblo, sino que, con lenguaje estereotipado y babeante –que ya requiere de “especialistas” en lo pedestre-, aborda la farsa enfermiza de la belleza como valor supremo de la existencia humana.

Si vamos al caso de la página “Variedades”, esto es solo un título para hablar de lo mismo que abordan en la llamada “Vida”. Ahí no hay variedades sino “Varietes” de un retablo fantasioso que pretende ser noticia aunque no pasa de ser un calco de “Vanidades”, “Fashion”, “Glamour” y otras revistas creadoras de sueños diurnos, fantasía e ilusionismo sobado.

Es de suponer que en esta lucha por lograr el título de “la más bella”, nuestras jovencitas tienen que superar muchas pruebas. Por ejemplo, tienen que andar con los tacones de La Taconuda, que más parecen zancos que tacones, y con ese estorbo, caminar como culebras, de un modo sinuoso, balanceándose de un lado a otro casi en forma violenta y con una andadura de gentil potranca de feria.

De la vestimenta hay mucho de decir. Comenzar por no decir nada de los llamados “trajes de baño” porque no son trajes por lo poquito que cubren adelante y la nada que muestran atrás. Y tienen que ser así por lo mucho que tienen que enseñar –para regocijo del machismo- esas muchachas de las que se dice “representan a la mujer nicaragüense”.

De los otros trajes –los llamados casuales- no quisiera hablar pero sí vale la pena comentar sobre los llamados trajes típicos nacionales, obras artísticas de nuestros nuevos modistos. En la realidad estos trajes son biombos de mucho artificio, colorido, gran tamaño y peso. Casi en todos esos telones figuran plumas, vidrios y chereques vistosos. Me imagino el terror que cundirá entre los pavos reales pues que tienen que entregar sus bellísimas colas para adornar los retablos que cargan las mises, que entre más grades causan más admiración en los jurados.

El asunto de que a este gigantesco oropel se le llame “traje típico” merece alguna controversia, que yo sepa ni siquiera a las bellas hijas de caciques se les ocurriría andar con los brazos extendidos soportando semejante carga. Por cierto el traje de nuestras inditas era sencillo, elaborado de una sola pieza y si con algo se adornaban el pelo era con flores. Jamás usarían las plumas del pavo real, ave que no existe en la fauna nicaragüense.

Pero así andan las cosas en este mundo fashion del figureo y del glamour, aunque conviene aclarar que el figureo sobre el que escribe constantemente el doctor León Núñez se refiere en todas sus parte al de los hombres mediocres del patio, nunca, por muy caballero, al que practican las féminas.

Sin embargo, ya es hora de decir que entre las representantes del “bello sexo” también ocurre con desmesurada pasión el tal figureo para gozo de los organizadores de concursos de belleza de toda laya. Cabe añadir el pingüe negocio que estas trivialidades representan para los grandes consorcios de la moda, los cirujanos plásticos, los fabricantes de perfumes y máscaras cosméticas. No menos regocijo traen las mises a los modistos de vodevil, los zapateros especializados en Taconudas, y a los periodistas faranduleros mediáticos.

 

* Catedrático de periodismo.

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