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Ahora que se discuten las reformas al Seguro Social les paso sin costo algunas notas. En muchos países la población mayor de 65 años es un porcentaje alto y se convierte en problema. En otros países el problema es que sus habitantes viven poco.

La situación de los adultos mayores en Alemania se ha vuelto un negocio. En el capitalismo hasta la pobreza y la edad son negocio. Han surgido empresas encargadas de conseguirles asilo a los ancianos. Pronto veremos igual en América Latina.

Aquí viven muchos jubilados extranjeros, sobre todo estadounidenses. En Granada y otras ciudades con clima benigno, pues su pensión les rinde más que en su país. Dicho en otros términos, los pensionados vienen a morir aquí donde el costo no es tan alto como en su país, lo cual es en muchos sentidos inhumano. Desarraigados, con idioma que no conocen y más solos que en su solar nativo.

Este fenómeno, visto en conjunto, demuestra la injusticia de los servicios de seguridad social en el mundo, incluso en los países desarrollados. Personas que con su trabajo contribuyeron a la formación de la riqueza nacional por 30 años o más, de golpe son tratadas como un saldo poblacional, como un estorbo social al que se le da apenas lo necesario para no morir en la calle o en la pobreza total.

Es perverso lo que se hace con los trabajadores viejos, además de tratarlos como inútiles e improductivos, o peor aún, como una carga de la que nadie, ni sus hijos, se quieren responsabilizar. De paso, esta carga no debería de ser soportada por los hijos, que también tienen y tendrán sus problemas, sino por el gobierno. Pero no es así. El Estado, en contubernio con las empresas de seguros, les regatea una vejez digna, que debiera ser todavía más digna que cuando estuvieron trabajando, pues ya dieron lo que podían.

Esta inhumana situación, que es creciente, encierra una notable contradicción con la industria de la salud, encabezada por laboratorios químico-farmacéuticos que ganan billones de dólares al año, por nutriólogos que nos invitan a comer alimentos orgánicos (más caros que los comunes), por fabricantes de instrumentos para hacer ejercicio y de ropa para lo mismo, se enriquecen buscando que la gente viva más años y supuestamente sana para luego no dar soluciones dignas a quienes rebasan los 60 años de edad.

La cosa es peor. Se hacen campañas de alcance mundial para que no fumen, para que no beban alcohol, para que no coman chatarra, para que no estén sentados frente al televisor, para que no hagan lo que quieren hacer. Porque les dicen y afirman sin ningún rubor: si no hacen caso, ¡le bajan años a su vida!

Ya que lo menciono, Japón es uno de los países donde menos prohibiciones hay contra el tabaco, donde fuma un alto porcentaje de adultos, donde cada dueño de restaurante decide si se puede fumar o no en su interior, sin embargo, tiene la esperanza de vida más alta en el mundo y un sistema de jubilaciones más justo que en Alemania.

En Nicaragua, con el sistema de pensiones actual los jubilados no cuentan con recursos para sobrevivir económicamente. La tendencia de las pensiones es a la baja y el gobierno culpa a los ex trabajadores por vivir tantos años. Miles que tienen pensiones por haber trabajado en el sector formal de la economía, no rebasan la cantidad mensual de 4 mil pesos. Nada de qué enorgullecerse, aunque el costo de la vida era menor aquí que en Alemania. Ya los vamos alcanzando.

 

* Docente universitario.

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