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Observamos con preocupación un deterioro gradual en el aprendizaje escolar de los bachilleres nicaragüenses, evidente en los resultados de los exámenes de admisión de las universidades. Es el caso reciente en las pruebas aplicadas por la Universidad Nacional de Ingeniería, en las cuales fracasó el 95% de los bachilleres que se presentaron.

Estos resultados nos indican que los esfuerzos de las autoridades educativas no están dando los frutos esperados y que las causas del bajo rendimiento escolar van más allá de las debilidades en los planes de estudio y contenidos programáticos, en la coordinación de los sistemas o niveles educativos, en las infraestructuras escolares, textos y materiales audiovisuales, o en la capacitación docente y métodos de enseñanza.

El problema es más profundo y afecta por igual a estudiantes con bajos recursos y a estudiantes acomodados; a los que estudian en colegios públicos y a los que se preparan en colegios privados. El problema fundamental que tienen en común: falta de motivación para el estudio.

Los estudiantes poco aprenden y saben poco, porque no estudian; y no estudian porque no les interesa estudiar. Están seducidos por otras atracciones: chateo en redes sociales, juegos electrónicos, televisión, drogas, alcohol, pandillas, fiestas y “giras”. Saben más sobre fútbol español que sobre idioma español, porque, como señala Goethe, el gran poeta alemán: “No conocemos en verdad, más que aquello que amamos”.

Los estudiantes de ahora, en todos los niveles educativos, no son ni la sombra de los estudiantes de antes. Los de ahora carecen, en general, de ideales de vida. Se distinguen por su bajo nivel de aspiraciones. Lo importante es aprobar aunque no se sepa nada. Han desarrollado mil artimañas para copiarse en los exámenes, directamente o por celular, redes sociales o “bluetooth”. Pagan al profesor por tutorías, lo invitan, le hacen regalos, todo con el fin de aprobar.

Carecen del hábito de estudio diario. Se preparan un día antes de la prueba. Buscan sus tareas en internet, las copian y pegan (copy and paste), sin entender mayormente el contenido de lo que reproducen.

Una notable excepción y hermoso ejemplo para la juventud es Diedrich García, egresado del Instituto Nacional del Municipio de Río Blanco, Matagalpa. Demostró ser el mejor alumno en los exámenes de admisión de la Universidad Nacional de Ingeniería, con nota máxima de 100, donde fracasaron miles de bachilleres, provenientes de Colegios Públicos y Privados de toda Nicaragua.

En entrevista concedida a El Nuevo Diario, Diedrich habla de su familia humilde, de su madre soltera, se gana la vida vendiendo comida ambulante; cuenta de las escuelas donde estudió, mal acondicionadas y pocos libros. Con todas esas limitaciones Diedrich brilla en sus estudios gracias a su preocupación por aprender, a su dedicación, a su esfuerzo diario y a su sentido de responsabilidad.

El éxito en los estudios, como lo refleja el caso de Diedrich, va más allá de las posibilidades económicas y las condiciones de la escuela. El triunfo radica fundamentalmente en la interiorización, a través de los años, de valores humanos fundamentales como disciplina, sentido de responsabilidad, dedicación al estudio, deseo de superación; virtudes que se forman en el hogar y en la escuela y condicionan la calidad del aprendizaje, el rendimiento académico, el futuro profesional del individuo y el futuro del país.

Debemos reconocer “el valor sorprendentemente importante que el estudiante entraña para la sociedad”, según nos dice Juan B. Arríen. “Es necesario cuidar este valor al máximo en su desarrollo y en su peligro de ser atacado por los antivalores que hoy se mueven libremente y sin control en nuestra sociedad y en nuestro mundo.” (Juan B. Arríen. Prólogo a “Ética del Estudiante y Desarrollo Personal”, de Násere Habed López).

 

* Psicólogo, Orden Mariano Fiallos Gil del CNU. Doctor Honoris Causa UNAN–Managua.

naserehabed@hotmail.com

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