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Los pobres del mundo anhelan que les brinden atención desde que están en el útero de la madre, y que una vez que hayan nacido les concedan la adecuada atención en salud, crecimiento y educación.

Los pobres del mundo también quieren que sus padres tengan buenas fuentes de trabajo para criarlos y educarlos como hombres de principios y no de circunstancias, conduciéndoles por la senda donde han ido los buenos hombres que en el mundo han sido, de los cuales están quedando pocos.

Los desposeídos del mundo quieren que los pocos buenos gobiernos que en este planeta quedan, combatan la narco guerrilla, tráfico de influencias, nepotismo, peculado, fraude y todas las manifestaciones de corrupción que están azotando a la sociedad de la mayor parte de los pueblos del mundo.

Los paupérrimos del mundo quieren que no los manipulen en nombre de su pobreza que los mismos gobiernos les proporcionan.

Los pobres del mundo quieren que los politiqueros de muchas partes de este planeta sean honestos en sus campañas preelectorales, cumpliendo la mayor parte de sus promesas cuando estén en el poder.

Los sin nada del mundo están cansados de escuchar promesas falsas que hacen los oportunistas politiqueros de muchos partidos, y que cuando alcanzan el poder lo que hacen es repartirse el Presupuesto de la República y la ayuda de gobiernos extranjeros, entre las cúpulas que gobiernan, dejando a los que les dieron los votos en el engaño, frustración y desencanto como recompensa y pago.

Los pobres del mundo quieren más realidad y menos fantasía, más hechos y menos diatribas, homilías o peroratas de muchas horas que cansan a los pueblos pobres del mundo altamente endeudados, hambrientos, sin trabajo y educación.

Los que no tienen nada en el mundo, quieren tierra para cultivarla, y no que se las confisquen para traficar con ellas para obtener sumas millonarias que incrementan el número de desposeídos del mundo.

Los pobres del mundo quieren más y más escuelas para no continuar en la oscuridad del analfabetismo, que es lo que los gobernantes explotadores y dictadores tiranos ofrecen a sus pueblos a cambio de los votos que los llevan al poder.

Los desvalidos del mundo quieren que los gobiernos del nuevo milenio no les sigan explotando a través de las medidas económicas establecidas por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otros organismos que rigen la política económica de los países pobres altamente endeudados por sus gobiernos.

Los pobres del mundo quieren que se acabe la intromisión de gobiernos extranjeros en los asuntos internos de sus países, dejando que su autonomía les permita vivir de la explotación de los recursos naturales propios, y no que los extranjeros se beneficien a costas de su trabajo.

Los carentes de todo en el mundo quieren que la explotación desaparezca, algo que se ve imposible por culpa de los gobernantes de turno, que sólo piensan en su beneficio, el de su familia, el de las cúpulas de su partido y el de extranjeros cómplices que contribuyen a la explotación de los pobres, haciéndolos más pobres.

Los que no tienen nada en el mundo quieren viviendas dignas y no asentamientos, favelas o como se les llame, y que los mismos gobiernos propician para que los gobiernos “hermanos” les envíen ayuda para esos pobres, pero que es para beneficio propio.

Los pobres del mundo quieren mejores vías de comunicación que les permitan sacar la poca producción de granos que cultivan para venderlos a los explotadores, quienes son los que obtienen las grandes ganancias.

Los desposeídos no tienen interés en que se organicen ejércitos para la defensa de la región, cuando nadie ha declarado la guerra a ningún país. Los que no tienen nada exigen a sus gobiernos que aparten el protagonismo que buscan algunos seudo líderes que se creen los ungidos para salvar al mundo del imperio de Occidente, cuando actúan bajo los designios de otros imperios de funestas doctrinas y métodos de gobiernos inolvidables por su crueldad, sometimiento y totalitarismo.

Los marginados del mundo piensan que cada gobernante debe resolver los problemas de sus países, y no involucrase en los de otros con el único fin de aparentar ser el poseedor de ayuda mesiánica y salvadora de las garras de Occidente, cuando están llevando a otras partes del mundo la droga, la guerra, la inestabilidad y la muerte de millones de inocentes que son eliminados de diversas formas por no estar de acuerdo con las políticas totalitarias de los regímenes que constituyen el Eje del Mal (Corea del Norte, Cuba, Venezuela y otros que parecen alineados, por no decir alienados).

Los pobres de mundo quieren alimentos y medicinas en vez de drogas, trabajo en vez de desocupación, afecto en vez de odio, explotación y marginación. Quieren paz en vez de guerra, verdades en vez de mentiras, hospitales y escuelas en vez de cárceles y bases militares.

Los desposeídos no quieren demagogias y peroratas a través de cadenas de radiodifusión y televisión. Los pobres del mundo quieren un universo nuevo.

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