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Quizá sea redundancia hablar sobre el tema del que recientemente se ha hecho remembranza por diferentes medios de comunicación; me refiero a la atroz masacre acontecida el triste y memorable domingo del 22 de enero de 1966; pero aunque sea repetitivo, es con el fin de motivar una analítica reflexión, para que teniendo el debido cuidado, de tan deplorable y sangriento suceso nada parecido vuelva a acontecer.

El craso error de los organizadores de tal protesta a la reelección del titular del sistema dictatorial y totalitario de esa época, haciendo en cierta forma combinación de las actitudes de civismo y violencia; actitudes que sin la debida preparación, como en el caso en referencia, al mezclarlos siempre resultan catastróficos, por lo que esa es la lección cívica que la ciudadanía consciente debe conocer.

Las protestas y manifestaciones cívicas deben ser solo eso, no más; y desarrollarse con verdadero civismo, sin mescolanzas ni alteraciones; pero siempre constantes hasta lograr el objetivo que se busque; y la ciudadanía, estando consciente de sus derechos y deberes, tenga siempre el coraje cívico de hacer el debido uso de los mismos, sabiendo que son parte de su personalidad y descendencia, sin desanimarse en la lucha para hacer pleno uso de ellos.

Yo estuve en dicha manifestación y fui uno de los que salimos huyendo al sonido de los disparos; siempre que he podido he estado presente en las manifestaciones cívicas que en pro de la restitución del sistema democrático en diferentes épocas; y por hacerlo con mis escritos, en tres ocasiones he estado de huésped temporal en las malolientes prisiones del país.

Dios, infinitamente misericordioso, ha sido magnánimo con nuestra sufrida patria, dándole una riqueza potencial que en proporción, podría decirse no la tiene ningún otro país del continente, debiéndose sí con pena reconocer que por distintas circunstancias y falta de preparación hemos quedado en la retaguardia del progreso, a la zaga del desarrollo; pero aún faltándonos el civismo no perdemos la esperanza de salir adelante.

Hay un movimiento patriótico reciente que a sabiendas de tantas falsas y fallidas revoluciones, con optimismo proclama una pacífica y triple revolución, que por su claro planteamiento, a las claras se aprecia que, dándole con ardor patriótico el debido seguimiento, sería la auténtica, pacífica y civilista revolución que con la educación y el civismo en primera línea, sería también base sólida del desarrollo y progreso.

La proclamación de tan importante proyecto ha sido expuesta públicamente por la sicóloga y escritora María José Solórzano. Vale la pena apoyarlo y contribuir a su efectivo desarrollo, con el que podría recuperarse el tiempo perdido. Debidamente preparados y fraternalmente unidos, elevemos a nuestra patria al sitial de honor que merece.

Y así, en un futuro cercano pueda ser realidad y no solo un sueño lo sugerido por el dilecto Darío: que aunque pequeña sea nuestra patria, soñarla grande; y con la ayuda del Señor, que nos dio tan potencial riqueza, podamos desarrollarla y dejar a nuestra progenie una herencia digna.

 

* Miembro de Ciudad de Dios y Redemptor Hominis.