•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

¿En un sujeto qué factores detonarían en su entidad Bio-Psico-Histórico-Socio-Cultural- Ambiental -Moral para sumergirse en estadio de furia irascible sin interferir escrúpulos o remordimiento alguno para asesinar masivamente a personas inocentes, llegando hasta la eventualidad de ultimarse, en ciertos casos?

Ya no se puede considerar argumento especulativo que el condicionante cultural de la violencia forjado como snob de entretenimiento causa efectos perniciosos en las psiquis humana como doping de impulsos agresivos.

La etnopsiquiatría reconoce que existen ciertos trastornos mentales debidamente identificados en determinadas culturas, por lo que sería “imposible” hacer comparaciones a granel; esto no sugiere verlo con ojos de indiferencia. Tarde o temprano este evento nos puede alcanzar como “efecto mariposa”, ya que somos una sociedad vulnerable a la transculturización.

Matanzas como las de Virginia Tech del 16 de abril del 2007, sucedidas por la de Colorado el 20 de julio de 2012 en una sala de cine estrenado la película Batman y la de Newtown, Connecticut en un colegio de primaria el 14 de diciembre del 2012, son muestra de que algo muy complejo y preocupante está sucediendo en la salud mental.

Desde luego, estos episodios criminales son el resultado de un trastorno mental conocido como síndrome de Amok, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS): “un episodio aleatorio, aparentemente no provocado, de un comportamiento asesino o destructor de los demás… A menudo va acompañado de un viraje hacia un comportamiento auto-destructivo… llegándose hasta el suicidio”.

A quienes presentan el síndrome de Amok les antecede una fase con síntomas de preocupación, pesadumbre y depresión moderada antes de cometer sus crímenes, por lo que es imperante no perder el hilo conductor sobre el comportamiento de estos sujetos, que pueden permearse en la sociedad sin haber tenido necesariamente antecedentes delictivos.

Entre tantas investigaciones, algunos autores están de acuerdo al señalar que aunque es una patología extraña, se produce en personas con trastornos como psicosis crónica o estados de confusión agudos relacionados con estados tóxicos. Otros discuten la influencia de múltiples causas como el hecho de ser joven, hombre, ambigüedad de roles, rupturas familiares, pérdida reciente o estados relacionados con el consumo de alcohol y sustancias psicoactivas.

Vivimos en un mundo donde el poder económico y tecnológico nos hace uniformar las conductas, por lo que la influencia de la cultura violenta cala profundo en la salud mental del individuo y no está demás sustentar que la familia con rasgos disfuncionales, como factor criminógeno, es hoy por hoy la unidad básica de las conductas antisociales que potencialmente formarán la personalidad violenta y agresiva. También la manera incorrecta de relacionarse con el medio o la sociedad, arremetiendo en contra de los demás por causa de sus conflictos internos.

No es remoto que familias en donde se dan episodios de agresión, comunicación o expresiones humillantes, epítetos descalificadores y despersonalización, producirán un lastre que sumado al condicionamiento de proyección de imagines de antivalores derivado del prototipo de “entretenimiento moderno”, producirán una matriz social más belicosa. Las sociedades con eventos de asesinatos masivos por conductas psicóticas como el síndrome de Amok, leen, ven, transpiran y escuchan pasatiempos de violencia con tal normalidad que lo hacen mientras comen, descansan o departen en el hogar o entre amigos.

La sociedad y los padres educan a niños en medio de las armas (los niños son miméticos y los medios audiovisuales presenta la violencia como natural y cotidiana), sin inmutarse, sin reaccionar; como si fueran autómatas. Werner Wolf establece que la conducta puede ser modificada de tres maneras: la predisposición puede permanecer detenida; puede ser reprimida y puede ser estimulada y despertada por el ambiente.

La panacea no es sólo crear un régimen de control de armas, sino también alertar sobre la libre distribución de material gráficamente censurable, así como la creación de programas de estudio, asistencia y vigilancia a través de encuestas y censos sobre el estado mental de la población.

 

* Ingeniero agrónomo