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Hoy 25 de septiembre, cuando Camilo Zapata, héroe y creador supremo del son nica, cumple 91 años… así comenzó el de Managua su relato sobre otro de los otros héroes: “Debe de haber sido durante los primeros meses de 1961, cuando otro inolvidable de la honestidad, Germán Gaitán, y yo conduciendo, miembros entonces del Movimiento Nueva Nicaragua (MNN) --antecedente histórico del FSLN--, en una camionetita Opel que mi padre me había prestado para el fin de semana, llevábamos a Carlos Fonseca Amador, jefe del en ese entonces escuálido Movimiento, hacia la frontera con Honduras. Carlos, el padre de la Revolución Sandinista, como le llamarían después del triunfo quienes ya lo olvidaron al olvidar su ética, sólo llevaba un revólver escondido debajo del asiento y ése era todo nuestro armamento. Debido a lo pésimo y largo de aquella carretera llegamos a Jalapa entrada la noche. En una casita de las afueras nos detuvimos y se nos incorporó Pinedita. Ahí Germán se pasó atrás junto a Carlos, y Pinedita se sentó a mi lado. Nos saludamos por primera vez en nuestras vidas.”

“Pinedita, diminuto, tímido y rigurosamente respetuoso, iba callado y sólo respondía a las preguntas que le hacían Carlos y Germán. En Teotecacinte me indicó donde meterme por un sendero para detenernos en un punto determinado por él. Nos bajamos todos y al momento, como de la nada, apareció un campesino que con familiaridad saludó a Pinedita primero y después a nosotros sin preguntar nombres. Era el baqueano. Nos despedimos. Pinedita, el baqueano y Carlos se adentraron en la noche y Germán me dijo que íbamos a esperar a Pinedita, a quien al regreso dejaríamos en Estelí. Dejamos de hablar para no hacer ruido, pero como Pinedita tardaba, en voz muy baja le pregunté a Germán si Pinedita conocía bien el camino. Me dijo que sí, no sin preocupación por el tiempo transcurrido. Pero al rato, como saboreando con tranquilidad nuestros temores, de aquella espesa oscuridad emergió el rostro radiante de Pinedita, como si no llevara cuerpo y sólo alma reflejada en aquella cara enjuta de quiebraplata.”

“Pinedita tendrá el próximo martes 30 de septiembre catorce años de fallecido. Había nacido el primero de abril de 1934, pero para mí cuando su rostro de quiebraplata emergió de la oscuridad en aquel sendero de Teotecacinte. Será siempre, junto con muchos héroes y mártires de nuestra Patria, un ejemplar punto de referencia de que antes, en y después de la revolución, ésta existió y existe en el alma y en la conciencia de quienes jamás la traicionaron ni usufructuaron. Pinedita es en sí mismo, pese a su diminuta figura física, una memoria colectiva de que sí hubo revolución, aún cuando algunos, como lo señaló Eduardo Galeano cuando la derrota electoral y sus consecuencias, fueran en su momento capaces de perder la vida y después no fueran capaces de perder las cosas. Son los mismos que hoy instrumentalizan el cadáver de la revolución perdida, el Ejército y la Policía, en favor de sus bienes y de perpetuarse en el poder. La pasión por las cosas es hoy una enfermedad terminal que no estuvo presente el 19 de julio de 1979. Pero ya no cabe duda que quienes desde sus genes sentían pasión por las cosas, se han convertido en los cortesanos favoritos de los que ya jamás dejaron de sentir pasión por el poder, y todos sabemos que esta mezcla explosiva de cosas y poder, sólo puede desembocar en la corrupción y el cinismo más miserable que se puede concebir”.

“Pinedita fue un revolucionario a carta cabal. En el tiempo de las camionetonas sólo para la nomenclatura, nuestro compañero diputado Orlando Pineda López, Pinedita, circulaba en bicicleta en Estelí, y tenía dificultades para viajar a Managua y asistir cumplidamente, como siempre lo hizo, a las maratónicas sesiones de la Asamblea Nacional que, sobre todo cuando estábamos elaborando la nueva Constitución, se iniciaban por la mañana y terminaban cerca de medianoche, que era cuando Pinedita pastoreaba a sus ovejas predilectas de Estelí, Orlando Benavides, Pancracio; Irela Prado, Rosario Antúnez y Rosario Altamirano. Fue cuando en Nicaragua la imaginación llegó al poder en la Asamblea Nacional, pues con aquellos salarios equivalentes a treinta dólares mensuales, se necesitaba mucha imaginación para sobrevivir, sobre todo si se era diputado de las regiones. A esos muchachos que alimentaron su imaginación con fervor revolucionario es imposible decirles adiós, pues sería como decirle adiós a nuestras conciencias. Esos muchachos siguen en contraposición con los devenidos en politiqueros danielistas de hoy. Si en Nicaragua la honestidad y la humildad hubieran llegado al poder, Orlando Pineda López, Pinedita, aunque de mala gana, sería un presidente cuyo primer acto de gobierno habría sido prohibir la reelección”.

luisrochaurtecho@yahoo.es
Jueves, 25 de septiembre de 2008

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