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La cúpula del gobierno y del FSLN dijo clara y rotundamente este sábado que las calles, plazas y rotondas, y cada centímetro cuadrado del territorio nacional, es del dominio total y exclusivo de los fervientes y fieles seguidores del presidente Daniel Ortega y de la copresidenta de facto Rosario Murillo; y que los demás mortales estamos listos y servidos, que nos metamos bajo tierra, porque si levantamos la cabeza, aunque sea un poquito, correremos el riesgo de ser agarrados a garrotazo limpio. Por ahora. Después podrá ser cualquier cosa, sin excepción, porque la violencia sólo genera más violencia.

La Policía Nacional también dirigió su mensaje a la ciudadanía “no orteguista-murillista”: no moverán un dedo para garantizar los derechos humanos básicos de los nicaragüenses, como el derecho a la libertad de expresión, de organización y de movilización. Al día siguiente de los terribles actos vandálicos de León, increíblemente no había ningún detenido. Por su parte, la Fiscalía General de la Nación, también está lanzando el mismo juego: no ha iniciado causa contra nadie. Y el gracioso procurador de los derechos humanos justifica la represión de los paramilitares.

Este gobierno se está desbordando. Su proceder es sencillamente brutal: pone en la mira a quien considera “enemigo” y le tira “a matar” desde las instituciones públicas y los medios de comunicación oficialistas. Y si te querés pronunciar en las calles, te pone en frente a una horda capaz de cualquier cosa, porque ante ella sólo somos unos “perros”, como dijo uno de los “valientes” enmascarados que atropellaron a la gente del MRS y de la Coordinadora Civil que pretendía manifestarse en León. No se permite disentir.

Lo ocurrido en la Ciudad Universitaria es gravísimo desde la perspectiva de la violación a derechos humanos básicos e irrenunciables y del irrespeto sin pudor a la dignidad de las personas; pero al mismo tiempo podría ser algo positivo en el sentido de “desnudar” completamente a la cúpula gubernamental, a la cual cada vez se le hace más insostenible su discurso virtual de “amor contra el odio” y de “paz y reconciliación”. Cada vez es más evidente que lo que dice con palabras, lo contradice con los hechos.

En realidad, la peor propaganda electoral que podía hacer el FSLN es la imagen imborrable de personas fuera de sí, como trogloditas o energúmenos, vivando a Daniel Ortega y manifestando respaldo a su gobierno. El colmo es la imagen del candidato a alcalde de León, el otrora luchador popular, el comandante guerrillero Manuel Calderón, dando garrotazos a efectivos de la Policía Nacional. Es una imagen dañina, la imagen de un pleitista, bochinchero y violento, de un hombre irracional, que avanzaba fuera de sí tratando de atropellar a los uniformados que se le ponían en frente para contenerlo. ¿Ése quiere ser alcalde de León? Ese mismo señor.

Son imágenes imperecederas las de los furiosos enmascarados auto investidos de autoridad, que con derroche de poder subían a registrar a los pasajeros de los buses y microbuses en busca de “peligrosísima” propaganda impresa de los marchistas. Incautaron carteles y los pisotearon. Nació en esos momentos una nueva “Policía”, la ilegal “Policía” represiva de la pareja presidencial, mientras los efectivos camisa azul de la Policía Nacional, con sus grados y placas relucientes y uniforme completo bien planchado, observaban impasibles las violaciones a múltiples derechos humanos. No movieron un dedo mientras una viejita inútilmente pretendía argumentar mientras agonizaba de miedo ante la turba enardecida. Permanecieron inconmovibles cuando los activistas del FSLN incendiaron un vehículo de uno de los dirigentes del MRS.

Se debe estar demasiado embriagado por un espíritu mesiánico, por un ánimo autoritario y de control total, para cometer con desfachatez semejantes tropelías, sin importarles que fuera ante los ojos de todo el país por medio de las cámaras de televisión de los periodistas, que ansiosamente y con cierto temor, cubrían los violentos sucesos. ¿O quizás los planificadores de la supuestamente extinguida Seguridad del Estado no previeron debidamente este aspecto ahora tan contraproducente? Ya están en You Tube.

Grabada quedó esa imagen de los hombres encapuchados como delincuentes, que escondían su rostro, tapaban su identidad, vestidos con algunas prendas militares, que armados de palos desafiaron a los anti motines y casi con odio descargaban furiosos garrotazos sobre sus escudos transparentes, retrocediéndolos. Y entre los garroteadotes había alcaldes, secretarios políticos y candidatos edilicios del partido FSLN. ¡Qué clase de imagen! ¿Imagen de amor, paz y reconciliación? Son imágenes inolvidables.

Cómo no retener en el recuerdo la imagen de esos encapuchados que detenían vehículos particulares como si fueran agentes del orden y obligaban a los conductores a abrir las puertas para revisar adentro. ¡Qué locura! Y los verdaderos policías ni se mosqueaban. Y mientras el ciudadano permitía el registro, otro de los que ocultaban su rostro se agachaba y ponía un “miguelito” delante de una de las llantas delanteras, para que después que lo autorizaran a pasar gracias a la “generosidad” de los dirigentes de esos tranques, más adelante el “beneficiado” se detuviera por alguna llanta ponchada.

Una imagen vale más que mil palabras. Esas imágenes de hombres rudos, toscos, sin escrúpulos, iracundos, hostiles, enardecidos, capaces de cualquier cosa, recorrieron toda Nicaragua, incluyendo muchas áreas semi rurales y rurales, dando la buena nueva del verdadero rostro de los gobernantes. Ahí estaba en esas imágenes que también recorrieron el mundo, la verdadera naturaleza de la cúpula de gobierno, “su estilo” grotesco e irrespetuoso, su falta de principios, su abrazo en la práctica a la consigna fascista de que el fin justifica los medios. Por el lado de Chinandega, hasta sacaron a relucir machetes. No hay derecho a la diversidad de pensamiento.

Menos mal que no hubo muertos. Pero, ¿quién garantiza que no habrá de ahora en adelante si la represión va creciendo? Es una ironía de la historia, una paradoja cruel, una burla hiriente, que el partido que encabezó la lucha contra la dictadura somocista, cada día esté adquiriendo más y más características del régimen oprobioso derrotado. ¿Quién no recordó la represión de Somoza viendo las imágenes de León? ¿Qué pasó con aquellos guerrilleros heroicos convertidos ahora en garroteadores de quienes no piensan igual que ellos? Ni los dedos de las manos son iguales.

La represión de los paramilitares en León, de seguro marcará un punto de inflexión en la loca carrera inexorablemente autoritaria de la cúpula del FSLN, de la que quizás ya no pueda regresar. Su vocación anti libertaria se expresará ahora con mayor desvergüenza y Nicaragua entrará a otro ciclo fatal de una historia harto ya conocida, pero que no hemos sido capaces de cambiar. Hasta ahora.

*Editor de la Revista Medios y Mensajes. gocd56@hotmail.com

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