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El 12 de diciembre de 1989 se logra la Cumbre de Presidentes en Costa Rica, la que se efectúa en San Isidro de Coronado. Esta Cumbre fue clave para viabilizar la Paz y evitar la regionalización de la violencia y la guerra. Hubo múltiples intentos norteamericanos para provocar el fracaso de dicha Cumbre, siendo la intención crear un grave vacío político para dar pie a que la invasión ya fijada en Panamá pudiera hacerse extensiva a Nicaragua; había expirado ya el plazo máximo del 5 diciembre para que la Contra se desmovilizara, por este motivo los guerreristas pensaron que el gobierno suspendería las Elecciones, cayendo en una “trampa mortal”.

El efecto inmediato de este histórico Acuerdo Centroamericano, profundiza las contradicciones irreconciliables en el seno de la Contra; y por el lado de la izquierda, los guerrilleros salvadoreños que ofuscados no valoran los inmensos riesgos y generosidad de nuestra solidaridad efectiva, atacan al gobierno de Nicaragua. Ocho días después, las tropas norteamericanas intervienen Panamá, y el General Manuel Antonio Noriega es acorralado, y se entrega a los invasores, que se ensañan en los pocos focos populares y del ejército torrijista que mueren combatiendo.

En efecto colateral, los marines rodean y penetran en nuestra embajada en Panamá y nosotros rodeamos con nuestros tanques T-55 la embajada americana en Managua, exigiendo que se respete nuestra soberanía nacional e integridad territorial. Los marines se retiran, y nosotros igual; este incidente, sin la Cumbre de Coronado, iniciaba la intervención en Nicaragua. En esta crisis y cerca del “colapso” del proceso electoral, distribuimos decenas de miles de armamentos en los escalones de defensa ante una eventual intervención.

En el marco de su “guerra de agresión” contra Nicaragua, los EU impulsan la fórmula de la oposición anti-sandinista, revanchista y polarizada para las Elecciones cargada de odio entre los rivales. La corriente moderada de la UNO logra imponerse sobre los radicales, cuando el 2 de septiembre escogen a doña Violeta Barrios de Chamorro como candidata a la presidencia; nombramiento que anida el germen divisionista en la UNO, al distribuirse paritariamente la cuota de diputados entre virgilianos y violetistas. La UNO y su candidata doña Violeta incumplen los Acuerdos de Paz, por “no exigir” a la Contra su desmovilización antes de las Elecciones, actitud acordada con el presidente Bush, quien recibe a doña Violeta en Washington en octubre y en noviembre y, además, le organiza entrevistas para que sea recibida por los conservadores jefes de Estado, el Papa Juan Pablo II y Margaret Thatcher.

Una vez alcanzado el Acuerdo en la Cumbre de Coronado, el gobierno nicaragüense vuelve a decretar el “Cese de Operaciones Militares Ofensivas”, y los Contras obligados a replegarse a Honduras, disminuyen sus ataques. Ahora el líder Contra es Franklin, y Enrique Bermúdez en la lucha intestina por el poder, es relegado de la Jefatura el 9 de febrero de 1990, y junto a Adolfo Calero, también defenestrado, espera en Miami. El presidente George Bush padre “impide” que la Contra se desmovilice antes de las Elecciones. Esto imposibilita que sean los sandinistas quienes suspendan la ley del SMP.

Es profundo el sentir de Nicaragua para que se imponga definitivamente la Paz, y superar  la angustia que provoca la crisis de la “economía de guerra y subsistencia”, acentuada por las impopulares medidas gubernamentales de la necesaria contención del gasto público, y por el deterioro del tendido social de la revolución agravada por el huracán Joan el año anterior. La apertura política nacional junto al actuar subversivo de la Contra fortalece la política desestabilizadora de Bush, encubierta en el proceso electoral en marcha. Las “elecciones en guerra”, son un paso histórico como eslabón fundamental del proceso de Paz. Las Elecciones “no son” competitivas: para los sandinistas son desfavorables por el apoyo de EU a la oposición al mantener a la Contra como una “pistola” sobre nuestras cabezas, en tanto la oposición se siente en desventaja por contar el FSLN con todo el gran aparato del Estado y su fuerza coercitiva sobre la población.

Es grande el sobresfuerzo del gobierno de Daniel Ortega para asegurar que la maquinaria electoral con Mariano Fiallos, fuera eficaz garantizando un resultado electoral limpio y transparente, observado nacional e internacionalmente, con el papel imprescindible de ONUVEN, la OEA y el ex-presidente Jimmy Carter como observadores garantes de las Elecciones libres. No hay posibilidad de “fraude”, porque además de ser las Elecciones el “último y decisivo” eslabón para alcanzar la Paz, los sandinistas teníamos la fe de ganarlas.

La revolución garantiza en 1990 que por las urnas doña Violeta Barrios el 25 febrero gane el poder, y el traspaso de mando presidencial en abril que cierra definitivamente la “era Reagan”, y posibilita culminar el proceso de Paz, consolidarla y fortalecerla; y con la Paz y los soportes jurídicos-legales creados por la revolución y estampados en la Constitución Política, iniciar la convivencia democrática para madurar Nicaragua el Ciclo Revolución-Democracia.

 

(De la “Odisea por Nicaragua”, obra inédita del General Humberto Ortega)